El Plan B de Sheinbaum: Un remiendo constitucional que huele a desesperación
Rechazo a reforma electoral en Diputados obliga a Sheinbaum a activar Plan B
CDMX.- Ricardo Monreal, el eterno equilibrista de Morena en la Cámara de Diputados, confirmó que el tan cacareado Plan B de Claudia Sheinbaum para la reforma electoral no es un atajo legal, sino otra embestida constitucional. Tras el rotundo fracaso de la iniciativa original, rechazada por falta de mayoría calificada, Monreal admitió que este nuevo paquete incluye recortes a regidores y diputados locales, ajustes a la revocación de mandato y consultas populares, y una supuesta reducción del gasto político. Sin embargo, no garantiza votos ni siquiera de aliados como el PT y el PVEM, con quienes hay evidentes grietas tras un pleito por exclusión en la propuesta inicial. Acusaciones como las de Sandra Cuevas, quien lo señala de sabotear el proceso, pintan un panorama de intrigas palaciegas en Palacio Nacional.
Esta maniobra revela la fragilidad del bloque oficialista: Morena, que presume de mayoría aplastante, depende de socios volubles para reformas de calado, exponiendo una coalición fracturada y un liderazgo presidencial que arranca con tropiezos. Lejos de fortalecer la democracia, como pregona Sheinbaum, este Plan B huele a un Frankenstein político diseñado para concentrar poder, ignorando consensos y priorizando el control sobre instituciones como el INE. Monreal, con su ambigüedad calculada, actúa más como bombero que como líder, “deseando” lealtades que no puede exigir, lo que subraya una presidencia que, en su arranque, ya recurre a parches para imponer su agenda.
En el fondo, este episodio es un golpe a la credibilidad de Sheinbaum: prometer cambios por “necesidades del pueblo” mientras se topa con muros internos evidencia que el verdadero obstáculo no es la oposición, sino la desunión y la ambición desmedida. Si no logran los votos, el naufragio será total, confirmando que la “transformación” es solo un eufemismo para autoritarismo disfrazado.



