CDMX.- En plena discusión del Presupuesto de Egresos de la Federación 2027 —un paquete de alrededor de 10.6 billones de pesos—, el diputado panista Diego Barroso lanzó desde tribuna una de las acusaciones más directas de la jornada: Morena estaría poniendo el dinero público a los pies de Andrés Manuel López Beltrán (“Andy”) y de su entorno, en particular de Amílcar Olán, en lugar de atender las carencias de las familias mexicanas. Barroso recordó la promesa del “mejor sistema de salud del mundo” y responsabilizó a ese círculo del deterioro de los servicios médicos, en un tono que retomó la frase viral “a tus pies, chamaquito”.
Minutos después, su compañero de bancada Federico Döring dirigió el fuego contra Movimiento Ciudadano. Reprochó a los naranjas que celebraran como gran conquista la reasignación de apenas 6 mil 500 millones de pesos —el 0.06 % del gasto federal— mientras, según él, se privilegian megaproyectos de infraestructura sobre salud, agua y carreteras. Döring calificó el acuerdo de “negociar migajas”, dejando claro que, para el PAN, ni siquiera esa concesión altera la lógica del presupuesto que se discute bajo mayoría de Morena y aliados.
Lo que se ve en San Lázaro es el teatro de siempre: la oposición señala con nombre y apellido posibles redes de favoritismo que llevan años en el centro de denuncias (contratos vinculados al Tren Maya, medicamentos, presuntos prestanombres), mientras Morena y MC exhiben cifras mínimas como logros negociados. Con un techo de deuda interna de hasta 1.7 billones de pesos ya autorizado y un gasto total de esa magnitud, 6 mil 500 millones no mueven la aguja. El debate real no es si hay o no “migajas”, sino por qué, tras años de promesas de austeridad y prioridad a los pobres, las acusaciones sobre el círculo cercano al poder anterior siguen sin respuesta contundente y el dinero público sigue fluyendo bajo la misma lógica de discrecionalidad.



