El proceso de elección de los candidatos de Morena para el 2027 es antidemocrático y opaco, tiene dividida a buena parte del morenismo en diversos puntos del país, lo que suma a un descontento nacional por este proceso comandado por Citlalli Hernández, señalada en diversos foros por vender candidaturas, y por Ariadna Montiel, quien ya demostró no tener control del partido que dirige. Estos son los principales quiebres dentro del morenismo.
El dato duro es este: 277 aspirantes se registraron en junio para 17 coordinaciones estatales, figura que anticipa las candidaturas a gobernador. A mediados de septiembre, Morena había destapado 10 nombres. En casi todos hay protesta, duda sobre las encuestas o roce con el PT y el Partido Verde. Los resultados demoscópicos se entregan a cuentagotas. La metodología no se publica con detalle. Quien pierde no acepta. Quien gana habla de “voluntad ciudadana”.
Zacatecas es el quiebre más explícito. Verónica Díaz Robles, senadora con licencia y exesposa de Luis Enrique Monreal, fue designada coordinadora el 15 de septiembre. El gobernador David Monreal, el coordinador de los diputados Ricardo Monreal y el senador Saúl Monreal quedaron en el centro de la acusación de cacicazgo. En el World Trade Center se escuchó “fuera el monrealismo”. Ulises Mejía Haro, diputado federal con licencia y operador de Claudia Sheinbaum, no avaló el desenlace. José Narro Céspedes y Geovanna Bañuelos, del PT, tampoco. Alberto Anaya dejó abierta la posibilidad de romper la coalición. El argumento no es menor: a Saúl Monreal se le cerró la puerta por la cláusula antinepotismo; a Díaz Robles, ligada al mismo clan, no.
Guerrero es el segundo foco. Beatriz Mojica Morga, senadora con licencia, se impuso a Abelina López Rodríguez, alcaldesa con licencia de Acapulco. López llamó al resultado “crónica de una muerte anunciada” y habló de “encuestas de papel”. El comisionado del PT en el estado, Victoriano Wences, dijo que no validaba nada porque jamás le mostraron una encuesta y que no fueron tomados en cuenta. El Verde sí apareció en el acto. El PT, no.
Michoacán confirma el patrón de imposición sobre militancia histórica. Carlos Torres Piña, exfiscal, recibió la coordinación. El senador Raúl Morón acumuló un segundo revés. Senadores de Morena, entre ellos Guadalupe Chavira de la Rosa, pidieron “operación cicatriz” y advirtieron riesgo de “balcanización” si los gobernadores tratan sus estados como feudos.
Baja California suma otra costura rota. Julieta Ramírez Padilla, senadora con licencia, fue nombrada coordinadora. Evangelina Moreno mostró inconformidad. Montserrat Caballero, exalcaldesa de Tijuana y carta del PT de Jaime Bonilla, no reconoció el proceso como piso parejo y se perfiló por otra vía. En el anuncio faltó la bandera petista.
Campeche, con Pablo Gutiérrez Lazarus, y Colima, con Rosa María “Rosi” Bayardo, también arrastran falta de consenso con aliados. En diagnósticos internos que circulan entre operadores se marcan como zonas de riesgo Zacatecas, Colima, Sonora, Campeche, Michoacán y Sinaloa. No es un recuento opositor: es el mapa de quienes temen perder gubernaturas en 2027, la primera gran elección intermedia sin Sheinbaum en la boleta.
Quintana Roo cierra el mismo patrón: continuidad de gobierno disfrazada de encuesta. El 15 de septiembre, Citlalli Hernández y Ariadna Montiel nombraron coordinador a Eugenio “Gino” Segura Vázquez, senador con licencia de 32 años, exoficial mayor de Cancún y secretario de Finanzas de Mara Lezama entre 2022 y 2024. Compitió con Rafael Marín Mollinedo, Marybel Villegas, Ana Patricia Peralta y Alexa Murguía. En el World Trade Center su porra gritó “fraude”. El IEQROO ya le había ordenado a Segura retirar 71 bardas en Cancún y Playa del Carmen; en la Comisión de Honestidad y Justicia se acumularon quejas por actos anticipados. El Verde sí subió al templete. El PT no validó el nombramiento. Marín, en el momento, dijo que había quedado tercero y que se iba “a su casa y a sus negocios”. Cuatro días después reapareció en video y desmintió la rendición: “El hecho de que se hayan quedado estas gentes con la gubernatura no quiere decir que se van a quedar con el estado. Nosotros tenemos a la gente, la gente está con nosotros.” Pidió paciencia, habló de “muchas opciones” y dejó abierta la ruptura.
Sobre Citlalli Hernández Mora, presidenta de la Comisión Nacional de Elecciones, el señalamiento de “venta de candidaturas” no nació con este proceso. En agosto de 2025, militantes de Nuevo León acusaron que se habían comercializado alcaldías, diputaciones y regidurías; Sheinbaum respondió que, de ser cierto, era gravísimo y que debían denunciarlo ante la Comisión de Honestidad y Justicia. Esa sombra sigue en foros y redes mientras Hernández, simultáneamente, opera las designaciones nacionales y se perfila para la alcaldía Cuauhtémoc, con pintas de “CH nos une” y declinaciones inducidas de Arturo Ávila y Dunia Ludlow. Quien arbitra el proceso interno también disputa un cargo. Eso no es neutralidad.
Ariadna Montiel Reyes, presidenta nacional desde el 3 de mayo de 2026, pide “no espantarse” y habla de unidad. En los hechos, congeló definiciones, dejó estados en suspenso y no evitó que gobernadores colocaran a colaboradores cercanos. El PT se ausenta de actos. Aspirantes derrotados piden revisión de encuestas. La dirigencia responde que “no habrá segunda ronda”. Control, el que se presume, no se ve.
El método —filtro, sondeo y encuesta final con un máximo de seis perfiles— se vendió como antídoto contra el dedazo. Funciona como dedazo con apariencia técnica. Mientras las cifras no se abran y los perdedores se sientan expulsados, el proceso no une: administra rupturas. Morena puede seguir ganando por la debilidad de la oposición. Eso no borra el dato político de septiembre de 2026: el partido en el poder ya está partido por dentro.




