CDMX.- Reginaldo Sandoval, coordinador de los diputados del PT, lo dijo sin rodeos: su partido acepta que, solo, quizá no conquiste una gubernatura, pero sostiene que sus votos sí bastan para que Morena pierda entre siete y doce de las 17 entidades que se disputarán en 2027. El recado, grabado por Político MX, no es un diagnóstico electoral: es un ultimátum. Días antes, el mismo legislador ya había acusado a la dirigencia guinda de “soberbia” y de sentirse “sobrada” porque no ve adversario a la derecha.
El contexto es de feria, no de doctrina. El PT pausó su participación en el proceso de coordinadores estatales, reclama “encuestas espejo” que Morena controla y abre la puerta a morenistas derrotados en Michoacán, Zacatecas, Quintana Roo o Chihuahua. En 2024, el PT obtuvo 5.47% de la votación para diputados —poco más de 3.2 millones de sufragios— y sobrevivió como socio menor de una coalición que sí ganó. Ese porcentaje puede ser decisivo en estados cerrados; no convierte al PT en gobierno. Convierte a Sandoval en cobrador: sin nosotros, dice, no salen las dos terceras partes en San Lázaro.
La escena es descarnada. Morena actúa como dueña del tablero y el PT responde como socio que cobra renta por no romper el vidrio. Ni uno ni otro habla de gobierno, inseguridad o servicios: hablan de cuotas, de quién pone el candidato y de quién puede sabotear al otro. Si 2027 se define así, el elector no elige un proyecto. Elige entre la soberbia del partido grande y el chantaje del aliado que admite no poder ganar, pero sí puede hacer perder.
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