CDMX.- El Partido del Trabajo volvió a la queja de siempre. La diputada Lilia Aguilar pidió a Morena un método “técnico y científico” para las encuestas de candidaturas y que las casas, no la dirigencia, definan la muestra. De paso puso en duda los resultados de Zacatecas, Baja California Sur y Chihuahua, porque “no reflejan la percepción real”. El reclamo llega tarde: el 29 de septiembre Morena ya publicó las designaciones de sus coordinaciones rumbo a 2027, con siete firmas espejo —Buendía y Márquez, Enkoll, De las Heras, Covarrubias, Defoe, Mendoza Blanco y Votia— y muestras de unas 1,500 entrevistas por estado. El cuestionario, eso sí, lo armó el propio partido.
El hueco no es inventado. En Zacatecas, Morena dio el triunfo a Verónica Díaz con 21.3% de preferencia y 9.75 puntos; mediciones públicas previas —Enkoll y GobernArte— ponían a Ulises Mejía Haro arriba, en un caso por más de 20 puntos. En Chihuahua, Cruz Pérez Cuéllar se impuso a Andrea Chávez por menos de un punto (31.53% contra 30.61%). En Baja California Sur, Manuel Cota cerró con 9.25 y Milena Quiroga ya había advertido que no apoyaría la campaña hasta aclarar dudas técnicas. Ariadna Montiel reconoció mesas de revisión en Zacatecas y Baja California Sur. Opacidad hubo. Ciencia, menos.
Lo que el PT no dice es el tamaño de su fuerza. En mediciones de Cripeso, Campaigns & Elections y Demoscopia su intención de voto oscila entre 0% y 7.36%, con el techo en Baja California Sur; Morena va de 24% a casi 60%. El Verde se llevó más gubernaturas en el reparto. Pedir que las casas diseñen la muestra suena a método; en la práctica es el berrinche de un aliado que aporta poco y quiere cuota cuando el resultado no le conviene. Las encuestas de la 4T no miden al elector: ordenan la negociación. El PT lo sabe. Por eso grita ahora.
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