CDMX.- El coordinador del Partido del Trabajo en la Cámara de Diputados, Reginaldo Sandoval, confirmó que la posibilidad de una alianza total con Morena y el PVEM para las elecciones de 2027 “empieza a alejarse”. En su lugar, el PT analiza una coalición parcial, limitada a algunos estados como Aguascalientes, Colima, Querétaro y Baja California Sur, mientras en otras entidades podría ir solo o exigir nuevas mediciones, como la que se prevé repetir en Michoacán a finales de noviembre.
Esta declaración no surge de la nada. Desde hace meses Sandoval ha denunciado “soberbia” e imposiciones de Morena en la definición de las 17 coordinaciones estatales de la Transformación (las candidaturas a gubernatura), de las que el PT solo reconoce tres. Ha exigido careos o encuestas espejo, ha abierto la puerta a morenistas inconformes y ha advertido que, aunque el PT no gane solo una gubernatura, sí puede “hacer perder” entre 7 y 12 a Morena si se les sigue marginando. La unidad de la 4T, tan cacareada en el discurso, se reduce a un regateo de espacios y cargos.
Lo que se exhibe es la naturaleza real de la alianza: un pacto de conveniencia donde el PT, históricamente un partido satélite que apenas sobrevive con el respaldo de Morena, ahora reclama más cuota de poder y amenaza con romper cuando no se le cumple. No hay principio ideológico en juego, solo el reparto del botín electoral. Mientras se vende la “unidad transformadora”, por dentro se pelean las candidaturas con la misma lógica de siempre: el que tiene más votos impone, y el que aporta menos patalea.
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