El pueblo harto ya no traga promesas: campesinos sacan a morenistas del lujo mientras el partido se victimiza en Coahuila
Campesinos irrumpen en restaurante de lujo y Congreso de Zacatecas para exigir cuentas a diputada de Morena y funcionarios
Zacatecas.- En Zacatecas, productores de frijol y agricultores hartos irrumpieron en un restaurante de lujo y sacaron a la diputada Soledad Luévano y otros funcionarios de Morena y el PVEM. Minutos después, en el Congreso local, les gritaron en la cara: “Aquel cabrón que está en la esquina es el principal coyote… ¡no sirven pa’ nada, güeyes!”. Los campesinos exigen soluciones reales al abandono del campo, a las promesas incumplidas de David Monreal y al intermediarismo que les destroza las cosechas. No fue un show: fue rabia acumulada de quien produce comida y ve cómo sus representantes comen en manteles largos mientras ellos batallan.
Al mismo tiempo, Morena denuncia una “tentativa de feminicidio” contra su candidata Delia Aurora Hernández Alvarado en San Pedro, Coahuila. Según el partido, un grupo armado con bates y fierros —al que señalan como priista— los agredió durante actividades políticas. El comunicado es rápido y cargado de victimismo.
Aquí está la crudeza: mientras en Zacatecas el “pueblo bueno y sabio” que tanto invocan les cobra la factura en vivo, Morena sigue jugando la carta de perseguidos. El campo mexicano lleva años recibiendo migajas, programas clientelares y discursos que no resuelven sequías, precios de garantía ni coyotes. Los productores no están pidiendo aplausos; exigen que quienes cobran como legisladores hagan su maldito trabajo.
Esta contradicción no es casual. Morena llegó prometiendo transformación y hoy cosecha desprecio justo donde más presumía apoyo: el campo y las bases populares. Las agresiones deben investigarse con seriedad y castigarse, sin importar colores. Pero usarlas como cortina mientras el descontento real crece en los estados solo acelera el desgaste. El pueblo ya no aplaude; interrumpe la comida y grita en la cara. Y tiene razón.




