CDMX.- En la sesión del 31 de agosto, al arranque del periodo ordinario, las fotos de Leticia Robles de la Rosa atraparon a Adán Augusto López Hernández en su escaño: primero revisando X, después lo que parece un partido de fútbol. No es un desliz aislado. En octubre de 2025 lo cacharon con el Barcelona-PSG en la tableta; en noviembre, con notas de Champions. El patrón es el mismo: el recinto discute, él navega.
El tabasqueño cobra como senador de lista nacional desde 2024. Ya no coordina a Morena ni preside la Jucopo —dejó esos cargos en febrero—, pero sigue en el Pleno con fuero, dieta y la obligación mínima de estar presente en el debate. Ese mismo 31 de agosto Morena perfilaba agenda fiscal, de seguridad y de mayoría calificada, con licencias y ausencias que amenazan votos. Mientras tanto, el legislador que casi nunca responde a la prensa dedica la sesión a redes y al marcador.
La imagen no prueba los señalamientos que lo rodean —menciones en testimonios del caso Farías Laguna por huachicol fiscal, reportes de bienes retenidos en Estados Unidos— porque la FGR no lo ha imputado. Sí prueba algo más simple y más grave: un servidor público que trata el hemiciclo como sala de espera. Quien ocupa un escaño y cobra por legislár no puede convertir la sesión en palco. Si el trabajo es ese, sobra el sueldo.





