CDMX.- La senadora de Morena Simey Olvera Bautista niega el correctivo. Asegura que su salida de la Secretaría de la Mesa Directiva del Senado ya estaba pactada y que ahora quiere presidir la Comisión de Estudios Legislativos, vacante tras la ruptura de Enrique Inzunza con la bancada. El problema no es el discurso: es el calendario. El 31 de agosto el Pleno la había dejado en ese órgano; el 8 de septiembre, a petición del coordinador Ignacio Mier, Claudia Tello Espinosa la sustituyó con 96 votos. Entre una fecha y otra quedó el informe de Ixmiquilpan.
Ahí, a finales de agosto, Olvera subió al presídium a Tamara Henaine caracterizada como Claudia Sheinbaum. “Claudita” la presentó, habló de resiliencia y hasta formaron un corazón con las manos, con Fernández Noroña en el acto. La legisladora respondió que la actriz es su amiga, que no hubo pago y que “todas imitamos a la doctora”. Llegó a anunciar un concurso para que niñas de primaria y secundaria imiten a la presidenta. Convertir un informe de labores en sketch de culto personal no es un adorno: es el síntoma de una política que confunde lealtad con parodia y rendición de cuentas con escenario.
Morena no lo admitió como sanción. No hace falta. Un relevo exprés, sin explicación pública y a una semana de ratificarla, habla solo. Olvera ya presume 67 dictámenes y “credenciales” para otra presidencia. El mensaje de su propio grupo es más seco: se puede ensalzar a la mandataria, pero no convertirla en número de feria. Negar el castigo no lo borra; apenas lo disfraza de “acuerdo de unidad”.
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