El sueño arrebatado: Extorsión del narco obliga a emprendedor a cerrar su restaurante en Ensenada
Moisés Muñiz, dueño de "Mariscos El Compa Moy", anuncia el cierre de su negocio tras amenazas y cobro de piso, en un contexto de creciente violencia en Ensenada, Baja California
Baja California.- Ensenada, Baja California, no es el paraíso turístico que muchos pintan. Moisés Muñiz, un joven de 28 años que levantó de la nada su restaurante "Mariscos El Compa Moy", anunció el pasado sábado su cierre definitivo tras casi cuatro años de operación. En un video crudo y emotivo, Muñiz denuncia amenazas constantes, cobro de piso y extorsiones por parte del crimen organizado, que lo obligaron a elegir entre su vida y su negocio. "Se han apoderado de mi municipio", dice con voz quebrada, consciente de los riesgos de hablar publicamente.
Este no es un caso aislado. Solo en la última semana, Ensenada vivió un ataque armado en la avenida Pedro Loyola, donde sicarios mataron al comerciante Rubén Marín Villalobos en su pescadería "Mares del Pacífico", dejando tres heridos. Fuentes locales confirman que el sector de mariscos es un blanco recurrente, con al menos otros dos cierres similares reportados en 2025 por extorsión en la zona. Según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, Baja California acumula más de 1,200 denuncias por extorsión en lo que va del año, un 15% más que en 2024, con Ensenada destacando por su vulnerabilidad ante disputas entre cárteles como el de Sinaloa y el Jalisco Nueva Generación.
Lo que duele en la historia de Muñiz es el fracaso sistémico: un emprendedor honesto, que paga impuestos y genera empleos, ve truncado su sueño porque las autoridades –estatales y federales– miran para otro lado. Él mismo acusa a los criminales de jactarse de tener "comprados" a los gobiernos, un eco de las críticas a Morena en el poder. ¿Dónde está la estrategia de seguridad? La gobernadora Marina del Pilar Ávila ha prometido más patrullajes, pero los hechos hablan: negocios cierran, familias huyen y la economía local se resiente, con pérdidas estimadas en millones por el éxodo de inversionistas.
Muñiz no pide lástima, sino acción. Su llamado a unir voces contra el silencio impuesto por el miedo podría ser el detonante para un cambio, pero sin respuesta oficial, Ensenada corre el riesgo convertirse en otro feudo del narco. Es hora de que el gobierno pase de los discursos a los hechos, antes de que más sueños se evaporen en el desierto bajacaliforniano.