CDMX.- En la Cámara de Diputados, el priista Carlos Eduardo Gutiérrez Mancilla confrontó al dirigente nacional de Movimiento Ciudadano, Jorge Álvarez Máynez, con empujones, gritos de “asesino” y “cobarde”, y el reproche de que “por tu culpa está muriendo la gente de Jalisco”. Legisladores del PRI, entre ellos Xitlalic Ceja, llegaron a las oficinas de la bancada naranja con jarras de agua turbia etiquetadas y las arrojaron sobre el logo del partido. Máynez respondió que se trata de un espectáculo de “porros” que no resuelve nada y propuso destinar 8 mil 500 millones de pesos en una primera etapa de obras de abastecimiento, saneamiento e infraestructura, al tiempo que agradeció a Ricardo Monreal el diálogo.
La crisis es real y de largo arrastre. Estudios ciudadanos del IMDEC detectaron ausencia de cloro residual en más del 90 % de muestras, además de coliformes, plomo y mercurio en colonias de la Zona Metropolitana de Guadalajara. El SIAPA y el gobierno de Pablo Lemus (MC) reconocieron el problema: cerraron el aporte de la presa Las Pintas y del sistema antiguo de Chapala por descargas irregulares que contaminan el líquido, lo que obliga a un esquema de rotación o tandeos de dos a tres días por semana que afecta alrededor del 42-45 % de la población durante al menos seis meses, mientras avanzan obras en Miravalle y un bypass. La potabilizadora data de 1956, hay pérdidas de hasta 40 % en la red y el río Lerma aporta contaminación histórica. Protestas ciudadanas han terminado con detenciones y uso de fuerza; el gobierno estatal niega alerta sanitaria, aunque reportes de afecciones en piel y casos como interrupciones de hemodiálisis circulan.
El espectáculo de hoy no limpia ni una gota. El PRI recicla su viejo estilo de montaje y agresión cuando ya no gobierna nada y busca capitalizar el enojo. MC, que lleva años al frente de Jalisco (con la promesa fallida de Alfaro de agua para 50 años), ahora pide recursos federales y se acerca a Morena mientras los tapatíos reciben agua que expertos califican de difícil o imposible de potabilizar y enfrentan cortes. Ambos convierten una falla estructural de infraestructura, planeación y vigilancia en pelea de pasillo. La gente de Guadalajara no necesita más porros ni más promesas de diálogo: necesita que dejen de jugar a la política con el agua que sale de sus llaves.
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