CDMX.- La Sala Superior del Tribunal Electoral le corrigió la plana este miércoles al INE y, por unanimidad, revocó en parte los lineamientos de cómputo del proceso 2026-2027. El criterio que el Consejo General aprobó el 3 de septiembre —con 7 votos contra 4— dejaba en manos de los consejos distritales decidir si una “boleta planchada”, marcada pero sin huella de doblez, entraba o no al resultado. El magistrado Felipe de la Mata Pizaña lo desmontó con una regla de taller, no de retórica: la boleta mide 20 por 28 centímetros y la ranura de la urna, 12 centímetros por 3 milímetros. Si no cabe extendida, no pudo depositarse sin doblarse. Llamarlo voto, dijo en la sesión, es ilícito.
El fallo —juicio de la ciudadanía 473 y recursos de apelación 200, 206, 209, 212 y 215— da la razón al PRI, al PAN, a Movimiento Ciudadano, Somos y PAZ. La secuencia legal es marcar, doblar y depositar. Sin marcas de doblez no hay vínculo con un sufragio emitido en casilla. Por regla general lo detecta la mesa directiva; solo de forma excepcional, el consejo distrital en un recuento. Esas papeletas no se suman, se anotan en la hoja de incidentes y se tratan como sobrantes, separadas del cómputo. El dirigente del PRI, Alejandro Moreno, lo celebró como una corrección a un criterio “equivocado, irresponsable y dañino”. El golpe, en los hechos, es al bloque de consejeros afín a Guadalupe Taddei.
Lo grave no es el fallo, que apenas restablece lo obvio. Lo grave es que el árbitro electoral haya abierto esa puerta a ocho meses de la elección federal. Una boleta planchada no es un caso dudoso de marca mal hecha: es el método clásico para meter votos que nunca pasaron por la mano del elector. Dejar su validez a la discreción de un consejo distrital no era certeza; era un resquicio. El Tribunal lo cerró. Que haya hecho falta un magistrado con una boleta y una ranura en la mano para recordarlo dice más del INE que del expediente.






