Guadalajara.- Guadalajara volvió a llenarse de gente que exige agua limpia este domingo 18 de octubre. La segunda megamarcha, que partió del Parque Rojo hacia el Palacio de Gobierno, se topó de frente con grupos de encapuchados armados con palos, martillos, petardos y bombas molotov. Los manifestantes —familias, colonos, colectivos— los identificaron, los confrontaron y los expulsaron a gritos de “¡Sin capuchas!” y “¡No nos representan!”. No bastó.
Mientras el contingente principal se detenía o se replegaba para no mezclarse con la violencia, los encapuchados (entre ellos el llamado bloque negro) se separaron y pasaron a la acción: saquearon una tienda de ropa deportiva, rompieron cristales de un hotel y una cafetería en Pedro Moreno y Juárez, hicieron pintas y lanzaron artefactos explosivos. También atacaron la zona donde estaba la prensa, hiriendo a periodistas con petardos. Un contingente optó por quedarse en plantón y responsabilizó al gobernador Pablo Lemus de obstaculizar la movilización.
Lemus, por su parte, denunció “infiltrados” que respondieron con violencia cuando los ciudadanos intentaron retirarlos y aseguró que el gobierno actuará “con responsabilidad” para evitar confrontaciones. El discurso es idéntico al del 11 de octubre, cuando una marcha de miles terminó en gas lacrimógeno, chorros de agua y 39 detenidos frente a Casa Jalisco. Aquella vez el propio mandatario reconoció excesos policiales. Hoy señala a los otros.
El patrón es claro y cansado: una demanda ciudadana legítima —agua que llega con olor a cloaca, metales y sedimentos desde hace meses, según reportes de colonos y organizaciones— es secuestrada por grupos violentos cuya filiación nadie demuestra con pruebas. Unos gritan que son de Morena; otros, que los manda Lemus o Movimiento Ciudadano. Mientras tanto, el SIAPA sigue cobrando y la solución de fondo (el acueducto sustituto, el cierre de fuentes contaminadas) avanza a paso de tortuga.
Los tapatíos que rechazaron a los encapuchados en la calle demostraron algo elemental: la protesta no necesita vándalos para ser válida. Lo que sí necesita es que dejen de usar el agua sucia como escenario para el mismo juego político de siempre. Hasta ahora, ni el gobierno ni los infiltrados han dado una respuesta que no apeste.
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