Ensenada.- El 15 de septiembre, a pocas millas de Ensenada, un grupo de pescadores deportivos que buscaba marlín se topó con un cilindro metálico flotando. Alertaron por radio a otras embarcaciones, pasaron coordenadas a la Secretaría de Marina y una patrulla acuática de la Segunda Zona Naval lo recogió. En el video que circuló, uno de ellos lo dice sin adornos: “es un misil… hasta miedo da, imagínate que explote”. No era un pez raro. Era material bélico a la deriva en una zona de pesca.
Los reportes coinciden en lo básico y se detienen en lo que importa. Medios locales y nacionales describen un artefacto con forma de torpedo, de aparente uso de práctica o entrenamiento, sin carga explosiva confirmada, y con rasgos similares a un MK 46 de origen estadounidense o de la OTAN. Hasta ahora, Semar no ha publicado un comunicado con modelo, procedencia, fecha de pérdida ni si hubo ejercicios en aguas cercanas. Esa opacidad no es un detalle: es el fondo. Un objeto militar aparece en el litoral mexicano y la autoridad naval se limita a “resguardar e inspeccionar”, como si el hallazgo fuera un accidente menor y no un fallo de control.
Lo duro no es el video. Lo duro es lo que revela. Quienes viven del mar tuvieron que hacer de vigías porque alguien, del lado que sea, perdió o abandonó un torpedo de práctica y nadie avisó. Ensenada no es un polígono de tiro. Si el artefacto era inerte, debió decirse con nombre, modelo y origen. Si no lo era, el silencio es peor. Un país que presume soberanía no puede enterarse de armamento en su costa por un grupo de pescadores con celular.
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