CDMX.- La Casa de los Mañosos, el proyecto de parodia política hecha con inteligencia artificial que se burla de figuras de Morena y del gobierno, publicó este 7 de octubre un “segundo llamado” bajo el lema “Es un placer incomodar al poder”. Piden descargar sus videos, volver a subirlos con el hashtag #LaCasaDeLosMañosos si les cierran las cuentas y difundir el mensaje. El temor no nace de la nada: el 7 de octubre la Cámara de Diputados aprobó, con 325 votos a favor, 114 en contra y una abstención, la reforma a la Ley Federal del Derecho de Autor que la oposición ya bautizó como “ley antimemes”. Pasa al Senado.
El dictamen, impulsado por el gobierno de Claudia Sheinbaum, no prohíbe memes ni sátira. Obliga a los proveedores de internet a publicar una política para cortar el servicio a “infractores reincidentes” de derechos de autor y los vuelve corresponsables si no la cumplen. Las multas, a cargo del IMPI, van de 5 mil a 40 mil UMAs, unos 4.6 millones de pesos. El oficialismo lo vende como armonización con el T-MEC y como freno a la piratería y al uso no autorizado de rostros o voces con IA. La oposición y organizaciones como Artículo 19 responden que la redacción es ambigua: no define bien quién es reincidente, quién ordena el corte ni cómo se defiende el usuario. El incentivo, advierten, es bajar primero y preguntar después.
Ahí está el hueco. La Casa de los Mañosos mezcla en su comunicado la protección de la “identidad gráfica” del Estado —que en el texto va ligada al uso comercial para engañar o delinquir, con penas de hasta cinco años— con un apagón automático de la crítica. Esa lectura es más alarma que letra de la ley. Pero el riesgo que señalan no es inventado: si Telmex, Izzi o una red social prefieren evitar una multa millonaria, un meme que incomode puede caer en el mismo saco que una copia pirata. La libertad de expresión no se prohíbe de un plumazo; a veces se encarece hasta que deja de valer la pena ejercerla.
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