CDMX.- En plena sesión de la Suprema Corte, mientras se discutía la entrega directa de recursos del FAIS a pueblos y comunidades indígenas, Yasmín Esquivel le puso el freno a Lenia Batres con la precisión de quien ya no aguanta los rodeos. Le recordó que el criterio que pretendía reabrir ya había quedado superado por el amparo directo en revisión 782/2024, resuelto en la Segunda Sala el año pasado, donde precisamente Batres votó en contra. Esquivel no se anduvo con rodeos: el precedente ya existe, la jurisprudencia está, y la ministra “del pueblo” no se acuerda de su propio voto.
Batres intentó salir del paso con el clásico “ya parece que el tema es entre ella y yo, mi queja es con la anterior integración”, pero terminó admitiendo que sí votó en contra de aquel amparo. El roce no es nuevo: ya se habían cruzado antes por el presupuesto y por la forma de argumentar, y esta vez quedó otra vez en evidencia que la flamante “doctora” en Derecho Constitucional (recién egresada de la Universidad Tepantlato) sigue necesitando que le expliquen los procesos y las votaciones que ella misma emitió.
El ambiente laboral en el Pleno es, digamos, de esos que no invitarías a una cena familiar. Una ministra que llegó con el sello de los “acordeones” de la elección judicial y que ahora presume título nuevo, necesita que su colega le recuerde lo que votó hace unos meses. Si así va a ser la próxima presidenta de la Corte, más vale que alguien le pase el expediente antes de que tome la palabra.
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