EU.- El exjefe interino de la DEA Derek Maltz volvió a la carga: para “desmantelar a los cárteles del terror” hay que golpear las redes de protección de funcionarios y políticos corruptos, investigarlos y llevarlos a juicio. Plantea que México, pese al rechazo de Claudia Sheinbaum a cualquier intervención militar unilateral, acepte inteligencia, vigilancia y apoyo logístico de las Fuerzas Armadas estadounidenses “coordinado” y “con respeto a la soberanía”. El diagnóstico de la colusión no es novedad; lo que resulta cínico es el foco selectivo.
Sheinbaum ha sido clara: cooperación sí, subordinación no. Y con razón histórica. Maltz habla de “ambos lados de la frontera”, pero el discurso público recae otra vez sobre México, mientras Washington sigue siendo el mercado más voraz de fentanilo y el principal origen de las armas que alimentan la guerra en territorio mexicano. Desmantelar protección política es indispensable. También lo es dejar de fingir que el problema empieza y termina al sur del Río Bravo.
Si de verdad se busca neutralizar a los cárteles, la exigencia tiene que ser simétrica: rendición de cuentas en Culiacán y en Sinaloa, sí, y también control real del tráfico de armas, del lavado y de la demanda en Estados Unidos. Mientras el recetario sea “acepten nuestro ejército, pero coordinado”, el mensaje no es de aliado: es de presión envuelta en lenguaje de seguridad.
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