Alfonso Durazo lo dijo en la fiesta, y por eso vale más que cualquier diagnóstico de la oposición. En el Auditorio Nacional, a quince años de que el movimiento se constituyera como asociación civil, el presidente del Consejo Nacional pidió preservar la unidad interna y cuidar la alianza con el PT y el Verde. “Estamos moral y políticamente obligados a continuar juntos”, dijo. Y advirtió que una pelea por el mismo cargo es el error que los adversarios aplauden en silencio.
La unidad no se suplica cuando existe. Se suplica cuando el reparto ya empezó.
Durazo es, además, el caso que pinta al partido mejor que el himno. Militante del PRI desde 1973, secretario particular de Luis Donaldo Colosio, secretario particular de Vicente Fox desde el 17 de julio de 2000 y después vocero de Los Pinos, hasta la renuncia de 2004 por el dedazo hacia Marta Sahagún. Hoy gobierna Sonora y preside el Consejo Nacional de Morena. El hombre que administró la oficina del presidente panista de la alternancia es quien, en el cumpleaños guinda, pide que no se rompa la coalición. No es una anécdota. Es el organigrama.
El partido que nació contra el régimen se llenó de quienes hicieron carrera en ese régimen. No llegó solo el voto. Llegaron los operadores, las lealtades territoriales y la costumbre de resolver la sucesión en lo oscuro. A los XV, esa costumbre ya no cabe en el relato de la regeneración.
Los datos del mes lo confirman. Rumbo a 2027 hay 17 gubernaturas en juego, doce de ellas hoy en manos morenistas. El proceso interno para nombrar coordinadores se cerró entre gritos, no entre aplausos. En Sonora, al tomar protesta Lorenia Valles, le gritaron fraude y la señalaron como la candidata del gobernador: del mismo Durazo que al día siguiente pedía unidad. En Nuevo León la alianza impuso a Clara Luz Flores por encima de Tatiana Clouthier. En Nayarit la encuesta la ganó un hombre y la coordinación se ajustó por criterio de género. En Baja California Sur la división quedó marcada. San Luis Potosí competirá solo, sin PT ni Verde, excepción que delata la regla: la coalición ya no es automática.
Eso no es un movimiento. Es una negociación de cuotas con mañanitas de fondo.
Morena puede presumir lo que ningún partido reciente presume: dos presidencias, la mayoría de los estados, millones de militantes en el padrón. También puede presumir que el fundador no fue al Auditorio y que la presidenta no acudió por tratarse de un acto de partido. El árbitro histórico no está en la sala. El que habla en su lugar es el ex secretario particular de Fox, pidiendo que las ambiciones no se coman la marca antes de 2027.
Quince años después, la unidad es un llamado de auxilio dicho desde el presidium. Quien tuvo que pedirlo acaba de confesar que no la hay. Y quien la pidió es, en la práctica, lo que Morena llegó a ser.




