Michoacán.- En la calle Melchor Ocampo, colonia San Ramón, un hombre salió de un negocio de comida y les vació un recipiente de líquido humeante en la cabeza a dos perros que estaban en la banqueta. No hay, en lo que muestran las imágenes ni en lo que ha dicho la Fiscalía, una pelea, un ataque al local ni una amenaza: hay dos animales en la vía pública y un cubetazo. El video, captado por cámaras de una vivienda cercana, corrió el 16 de septiembre de 2026 y obligó a la Fiscalía General de Michoacán a abrir carpeta por crueldad animal. Agentes de la PDI hallaron al perro blanco “estable a simple vista” y lo llevaron a un albergue; el negro sigue sin aparecer.
Lo más duro no es solo el acto. Asociaciones locales como Huellitas Tanhuato y vecinos han dicho que uno de los dos recibía tratamiento por cáncer; la Fiscalía no ha confirmado ese diagnóstico, pero tampoco lo ha desmentido. En redes se ha señalado por nombre al encargado o dueño de una lonchería; las autoridades, hasta ahora, no han dado identidad oficial ni han anunciado una detención. Esa brecha es el patrón: la cámara filma, el pueblo se indigna, el comunicado llega… y el segundo perro sigue perdido.
Michoacán prevé de tres a ocho años de prisión y multa por infligir daño físico a un animal. Sirve de poco si el expediente se queda en “se investiga”. Quemar a un ser vivo que no puede defenderse no es un exceso de un comerciante molesto: es cobardía con agua caliente. Si la carpeta no termina en identificación, sanción y atención real a los dos perros, el mensaje será el de siempre: la crueldad se viraliza; la justicia, no.
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