CDMX.- Vicente Fox anunció que participará activamente en la próxima contienda electoral —las intermedias de 2027— respaldando a los partidos de oposición. “Ya estoy cabalgando, a ver si aguanto”, dijo el guanajuatense en un video que circuló este martes, confirmando lo que ya venía preparando con su iniciativa Alma de México: entrenar cuadros locales para PAN, PRI y aliados con el fin de quitarle la mayoría a Morena en el Congreso.
El problema no es el anuncio en sí, sino quién lo hace. Fox llegó al poder en 2000 con la promesa de acabar con el sistema priista y modernizar el país. Su sexenio dejó una transición incompleta, reformas trabadas y una imagen de presidente más mediático que efectivo. Ahora, a más de dos décadas de distancia, regresa al ruedo electoral como si el tiempo no hubiera pasado, ofreciendo su figura a una oposición que sigue sin un proyecto claro más allá de oponerse a la 4T.
Que el mismo hombre que criticó el populismo y el clientelismo se convierta en pieza de campaña de los partidos que él mismo ayudó a desgastar no es una estrategia: es un síntoma. La oposición necesita votos y liderazgo creíble, no el regreso de un expresidente que muchos mexicanos ya asociaron con decepción. Cabalgar está bien; el problema es que el caballo lleva demasiado tiempo sin llegar a ninguna parte.
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