“¡Fuera Morena! ¡Andy, vete!”: El humillante recibimiento que desnuda el desgaste de la 4T en Chihuahua; hijo de AMLO huye sin abrir la boca
“¡Fuera Morena! ¡Andy, vete!”: Protestas marcan llegada de Ariadna Montiel y Andrés López Beltrán a Chihuahua
Chihuahua.- Chihuahua no los quiso. El sábado 16 de mayo, Ariadna Montiel, presidenta de Morena, y Andrés “Andy” López Beltrán, secretario de Organización del partido e hijo del expresidente López Obrador, aterrizaron en el aeropuerto de la capital estatal para encabezar una marcha por “la soberanía y la paz”. Lo que encontraron fue una recepción hostil: empujones, abucheos, carteles de “Yo con Maru” y “Morena aquí no”, y consignas directas contra ellos. Escoltados por su equipo de seguridad, avanzaron sin detenerse a responder preguntas. Horas después, abandonaron el Palacio de Gobierno sin dar declaraciones.
El contraste fue brutal. Mientras Morena convocaba a defender la soberanía nacional y exigía cuentas a la gobernadora panista Maru Campos —a quien acusa de traición y bloqueos viales—, un grupo de chihuahuenses les gritaba en la cara lo que muchos piensan en silencio: basta de injerencia, basta de arrogancia. Andy, en particular, cargaba el peso de su imagen. Lejos del “pueblo bueno y sabio” que tanto invocaba su padre, el joven López Beltrán aparece hoy como el epítome del nepo baby que tanto criticaba la 4T: un junior blindado por el apellido, señalado en investigaciones de huachicol fiscal en Estados Unidos, con presuntos vínculos a redes de contrabando de combustibles que habrían generado miles de millones en fraudes.
Los videos son elocuentes: Andy esquiva miradas, Montiel aprieta el paso. No hay carisma, no hay narrativa convincente. Solo cansancio político. En poco más de un año desde la salida de AMLO, los escándalos —desde nepotismo hasta acusaciones de protección a intereses turbios— han erosionado la mística transformadora. Lo que antes era “el pueblo” ahora se ve como acarreo desde otros estados, mientras los locales defienden a su gobernadora y rechazan lo que perciben como un partido que llegó al poder criticando a los “fifís” y terminó criando a sus propios.
Esta escena en Chihuahua no es aislada. Refleja un hartazgo más amplio hacia la primera plana morenista: la percepción de que la “nueva clase política” repite vicios del viejo sistema, pero con mayor cinismo. Gritan soberanía mientras ignoran cuestionamientos internos. Promueven justicia selectiva. Y envían a un hijo del fundador a vender una marcha que, en los hechos, terminó en fracaso visible.
Chihuahua dio una lección dura: el desgaste ya se nota. Cuando ni siquiera puedes bajar de un avión sin que te griten “fuera”, es hora de mirarse al espejo. La 4T, que prometió romper privilegios, ahora carga con los suyos a cuestas. Y el pueblo, al menos en el norte, ya no traga.



