CDMX.- En plena conferencia en la UNAM, activistas laborales corrieron a Marath Bolaños, secretario del Trabajo, gritándole “traidor a la clase trabajadora”. El motivo es claro y justificado: la tan cacareada reforma de las 40 horas se convirtió en un engaño gradual diluido hasta 2030, con reducciones mínimas (dos horas al año) que dejan a millones de mexicanos exprimiendo jornadas extenuantes mientras el gobierno presume “avances históricos”.
Esta protesta no es capricho. La reforma constitucional, publicada en mayo de 2026, promete bajar de 48 a 40 horas de forma paulatina, pero sin garantizar dos días de descanso obligatorios completos ni impacto real inmediato en salarios o productividad. Mientras tanto, el mismo gobierno que se autoproclama “de los trabajadores” ha disparado la deuda pública a niveles récord: la externa creció más de 28 mil millones de dólares en meses de Sheinbaum, y el total camina hacia el 55% del PIB en 2027. Dinero que no va a derechos laborales dignos, sino a clientelismo y gasto corriente.
Es indignante. Morena llegó prometiendo transformación y entrega migajas diluidas mientras endeuda al país y traiciona las demandas reales de la clase trabajadora. Expulsar a estos funcionarios de las universidades no es violencia: es el mínimo de dignidad que merece quien vende ilusiones a cambio de sueldos millonarios. La presión debe seguir hasta que las 40 horas con dos días de descanso sean reales, no un spot electoral más.
Discusión sobre este post
Sin posts




