Michoacán.- Grecia Quiroz, alcaldesa sustituta de Uruapan desde el 5 de noviembre de 2025 —tres días después del asesinato de su esposo, Carlos Manzo, en el Festival de las Velas—, volvió a plantarse este domingo: “Tengo la conciencia tranquila y las manos limpias”. Denunció una campaña “muy fuerte” para desprestigiarla a ella y a su gobierno, y dijo que no la permitirá; que hablen los hechos. El problema es que esos hechos siguen en disputa. Diez meses después del crimen, hay detenidos —incluido el llamado R1, señalado como autor intelectual ligado al CJNG— pero la línea política que ella exige investigar no se ha cerrado, y tampoco las sombras que ahora recaen sobre su entorno.
El contexto no es un tuit aislado. La Fiscalía de Michoacán le ha requerido por tercera vez los celulares de Manzo y abrió una línea sobre su posible vínculo con Samuel García Rivero, exfuncionario procesado por filtrar la agenda del alcalde al crimen organizado, a partir de la ampliación de declaración de Yesenia Méndez, exsecretaria particular de Manzo. El hermano de la víctima, Juan Manzo, también la ha cuestionado. Quiroz replica que es persecución política rumbo a 2027, cuando ha dicho que está lista para pelear la gubernatura; ha señalado a morenistas como Leonel Godoy y Raúl Morón, y un tribunal local sancionó a Fernández Noroña por violencia política de género en su contra. Hasta ahora no hay imputación formal contra ella. Hay, sí, un choque de narrativas: víctima que hereda un movimiento versus funcionaria bajo lupa.
En un municipio marcado por el narco y en un estado donde ella misma ha dicho que “gobierna el crimen organizado”, declarar las manos limpias no cierra el expediente: lo pone otra vez sobre la mesa. Si la verdad importa más que la campaña, corresponde entregar lo que pida la investigación y dejar que las pruebas —no el eslogan— hablen.
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