¡Hablan de solidaridad con Venezuela pero solo 5 de 500 diputados movieron un dedo! Monreal los exhibe sin piedad
La solidaridad de los diputados: solo el 1% se molestó en donar para las víctimas de Venezuela
CDMX.- Ricardo Monreal, presidente de la Junta de Coordinación Política de la Cámara de Diputados y coordinador de Morena, reveló en video que apenas cinco de los 500 legisladores federales llevaron víveres personalmente al centro de acopio instalado en San Lázaro tras los sismos del 24 de junio en Venezuela. Trabajadores, personal administrativo y hasta proveedores de la Cámara aportaron más que los propios diputados. El centro se abrió para recolectar alimentos, medicinas e insumos básicos, y los productos recolectados ya fueron enviados vía Sedena y Semar. México, por su parte, ya había despachado ayuda oficial con dos aviones, 260 efectivos de rescate y suministros médicos por instrucción de la presidenta Sheinbaum.
Este dato expone sin filtros la brecha entre el discurso grandilocuente de solidaridad internacional que tanto repiten los legisladores —especialmente los de izquierda que defienden al régimen venezolano— y la acción concreta. Con sueldos elevados, prestaciones generosas y seguridad garantizada, la gran mayoría de los diputados no se dignó ni a llevar una despensa o un medicamento al centro que ellos mismos habilitaron. Que el personal de base haya superado su aportación es la prueba más clara de que la empatía real no vive en las curules, sino en quienes no viven de la retórica política.
La revelación de Monreal, lejos de ser un acto aislado, desnuda una cultura legislativa donde la solidaridad se queda en declaraciones de tribuna y en iniciativas simbólicas, mientras la indiferencia práctica domina. Si ni siquiera ante una emergencia humanitaria documentada logran movilizarse el 99% de los representantes populares, ¿qué credibilidad queda para sus constantes llamados a la justicia social o al apoyo a pueblos hermanos? La política mexicana sigue demostrando que, para muchos de sus protagonistas, el pueblo —incluso el de otros países— es solo un recurso discursivo, no un compromiso que exija esfuerzo personal.



