CDMX.— La Operación Enjambre se vende como el golpe más contundente contra la infiltración del crimen en los municipios. El corte oficial al mes de septiembre de 2026 habla de 111 personas detenidas, entre alcaldes, directores de policía y operadores incrustados en ayuntamientos.
El secretario Omar García Harfuch insiste en “cero impunidad” y en que no importa el partido ni el cargo. Y sí, hay de todos: 6 de la vieja coalición PRI-PAN-PRD, 4 del bloque oficialista Morena-PT-Verde, 3 de Movimiento Ciudadano y uno de partido local.
Pero basta ver la lista para entender el truco: puro alcalde de municipio chico, puro mando municipal.
No hay un solo pez gordo.
No está Rubén Rocha Moya, gobernador de Sinaloa señalado por la DEA. No está Adán Augusto López, ex secretario de Gobernación y padrino político del jefe de La Barredora. No está Hernán Bermúdez, el ex secretario de Seguridad de Tabasco que huyó del país. No hay senadores, no hay gobernadores, no hay secretarios de Estado. Los que EE.UU. ya tiene en su lista de narco-políticos siguen intocables.
Lo que presume Enjambre son casos como María Elena Martínez Robles, ex alcaldesa de Amanalco, Estado de México, vinculada a La Familia Michoacana; Isaac Rodríguez Ochoa, alcalde de Esperanza, Puebla, por robo a transporte; Ramiro González Vieyra, de San Nicolás Buenos Aires, Puebla, por abuso de autoridad; Jesús Corona Damián, de Cuautla, ligado al Cártel de Sinaloa; Irving Sánchez Zavala, ex alcalde panista de Yecapixtla, por extorsión; o Said Godos Luna, de Tepeyahualco, por secuestro exprés.
El 92% del centenar de detenidos ni siquiera tiene afiliación partidista activa. Son policías rasos, directores de Seguridad Pública de Nicolás Romero, Acambay, Tlatlaya, Coatepec Harinas, o los de Catastro de Tequila, Jalisco, que pasaban datos para el cobro de piso.
El mapa lo dice todo: más del 50% de las capturas están en el Estado de México (60 de 111), luego Morelos, Puebla, Jalisco, Oaxaca, Chiapas, Veracruz. El epicentro de la operación es la policía municipal, no la clase política que realmente pacta con los cárteles.
Y ahí está la crítica: Enjambre es un operativo vistoso para la estadística - 111 detenidos, 20 sentencias, 67 mil arrestos por delitos de alto impacto y 2 mil por extorsión en el sexenio, según Harfuch - pero de bajo impacto político.
Sirve para la foto, para decir que se hace algo contra todos los partidos y, sobre todo, para mantener más o menos tranquilos a los gringos, que ya designaron a 8 cárteles mexicanos como terroristas y se les queman las habas por venir a México a echar bala contra los narco-terroristas.
Desde que Donald Trump declaró a 8 cárteles mexicanos como organizaciones terroristas extranjeras y Marco Rubio anunció la política de “máxima presión”, el mensaje de la Casa Blanca a Palacio Nacional ha sido uno solo: o limpian ustedes su narco-gobierno o entramos nosotros.
Enjambre es la respuesta. La contención.
Harfuch entrega cada semana una lista de alcaldes de Amanalco, de Tepeyahualco, de Yecapixtla, de Cuautla. La saca en fichas, con fotos de policías esposados, con chalecos de la Marina. La manda a la embajada. Y con eso gana tiempo.
Porque lo que piden los gringos no son los directores de Catastro de Tequila. Piden a los que cobran en las aduanas, a los que controlan el huachicol fiscal desde la Secretaría de Gobernación, a los gobernadores que dejaron entrar al Cártel de Sinaloa a sus estados.
Piden a Rocha Moya en Sinaloa, donde la DEA tiene documentados los pactos de su gobierno con Los Chapitos y La Mayiza. Piden a Américo Villarreal en Tamaulipas, donde el Cártel del Noreste opera impune. Piden a Adán Augusto, el jefe político de Hernán Bermúdez, el ex secretario de Seguridad de Tabasco que creó La Barredora y que hoy está prófugo y protegido.
Ninguno de ellos está en la lista de 111.
Enjambre es un operativo quirúrgicamente diseñado para no tocar el poder real. Atrapa charales para que no vengan por los tiburones. Es la cuota de sangre barata que México le paga a EE.UU. para que no despliegue drones, para que no haga operativos unilaterales, para que no ponga aranceles al pretexto del narco-terrorismo.
Hasta ahora les ha funcionado. Cada vez que Washington amaga con designar a Morena como narco-partido, Harfuch sale con 5 detenidos más en el Estado de México. Cada vez que Marco Rubio habla de intervención, cae otro comisario de Nicolás Romero.
Pero la mecha es corta. Con 21 organizaciones ya en la lista terrorista y con la presión del Congreso de EE.UU. para autorizar uso de fuerza militar contra los cárteles, el paliativo de Enjambre se agota.
Los gringos ya no quieren alcaldes. Quieren cabezas.
Mientras los peces gordos siguen en sus curules, en sus gubernaturas y en sus mansiones opulentas de Sinaloa y Villahermosa, Enjambre solo atrapa charales.



