CDMX.- A 15 años de la fundación de Morena, el presidente de la Mesa Directiva del Senado, Higinio Martínez, soltó la frase que el partido llevaba meses evitando decir en voz alta: hay tiempo para corregir, poner límites y poner orden. El mensaje, recogido este 7 de octubre, no fue un desplante de disidencia. Fue un reconocimiento tardío. Martínez advirtió que las definiciones de candidaturas rumbo a 2027 van a generar dificultades porque no todos quedarán satisfechos con la forma en que se procesan, y remató con la distinción que suena a manual de ética y opera como coartada: en el movimiento debe estar quien quiera transformar el país, no su vida.
El problema es que la advertencia llega cuando el daño ya tiene nombre y estado. En juego hay 17 gubernaturas y la Cámara de Diputados. Morena ya adelantó coordinaciones y candidaturas por encuesta, y el método dejó inconformes dentro del propio partido y entre los aliados. El PT y el Verde han exhibido el maltrato en el reparto; en septiembre el mismo Martínez pedía “pasar a la báscula” patrimonio, conducta y posibles vínculos ilícitos de quienes aspiran a la boleta. Nada de eso se tradujo en freno. El llamado de hoy no nombra a nadie, no cuestiona el método ni revierte una sola designación. Pide orden a una dirigencia que ya decidió quién entra y quién se queda.
Esa es la distancia entre el discurso y el poder real. Martínez celebra que Morena “existe para rato” y gobierna el país, y en el mismo aliento admite errores, intereses personales y gente que no entiende el proyecto. Quince años después, el partido que nació contra el beneficio de las élites discute en público cómo evitar que sus cuadros usen la transformación para transformar su vida. El diagnóstico es correcto. La corrección, hasta ahora, es un discurso de aniversario.
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