CDMX.- HR Ratings recortó ayer la calificación de largo plazo de la deuda soberana de México de BBB+ a BBB, con perspectiva estable, y ratificó la de corto plazo en HR3. La agencia mexicana no se anda con rodeos: el deterioro de los balances fiscales es persistente, el gasto sigue creciendo más rápido que la recaudación y los Requerimientos Financieros del Sector Público no bajan del 4 % del PIB. Proyecta un déficit de 4.6 % para 2026, lo que sumaría cinco años consecutivos por encima de esa barrera, y revisa a la baja el crecimiento de largo plazo a un promedio de apenas 1.5 % anual por la debilidad de la inversión y la productividad.
Hacienda salió a defender que se mantiene el grado de inversión con las ocho calificadoras y que en 2025 se hizo el mayor ajuste fiscal desde 1990 (1.3 puntos del PIB) sin tocar programas sociales. Es cierto que reconoció esfuerzos en recaudación y que la inflación está moderada, pero el propio comunicado de HR Ratings deja claro que esos esfuerzos no alcanzan: el costo de la deuda ya supera las participaciones a estados y municipios, y la rigidez del gasto público sigue empujando el endeudamiento hacia arriba. Mientras tanto, los trabajadores del IMSS siguen en protesta por un aumento salarial que no llega, y el gobierno insiste en que “todo está bien”.
El recorte no es una sorpresa; es el resultado de gastar más de lo que se ingresa año tras año y esperar que el crecimiento mágico resuelva el resto. Con un déficit estructural que no cede y un crecimiento que HR Ratings ve anémico, el margen de maniobra se estrecha. Mantener el grado de inversión hoy no garantiza que mañana no cueste más caro financiarse. La pregunta no es si Hacienda puede seguir defendiendo la narrativa, sino cuánto tiempo más pueden ignorar los números que ellos mismos generan.





