CDMX.- Cuatro meses después de que la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York lo señalara, junto con Rubén Rocha Moya y otros ocho funcionarios sinaloenses, por presuntos vínculos con la facción de Los Chapitos del Cártel de Sinaloa, Enrique Inzunza Cázarez ya no es morenista en el papel. Salió de la bancada el 26 de agosto, se negó a pedir licencia y se quedó con el fuero. Ahora, en entrevista con La Jornada, anuncia un libro sobre “lo vivido” y califica las imputaciones de “falsas y dolosas”. Al mismo tiempo promete respaldar “sin reservas” las iniciativas de Claudia Sheinbaum. Higinio Martínez, próximo presidente del Senado, y Saúl Monreal ya lo dan por hecho: el voto sigue siendo de la 4T.
La operación es transparente. Morena y aliados andaban en el filo de la mayoría calificada; con Inzunza fuera del grupo, el margen se estrecha, pero el legislador independendiente se ofrece como seguro de vida legislativo. No hay sentencia en México. Tampoco hay, hasta ahora, entrega de pruebas públicas que el propio senador exige. Lo que sí hay es un cargo federal en Estados Unidos, una salida cosmética de la bancada y un relato en primera persona que se escribe mientras el Senado sigue contando con su mano. Llamar a eso independencia es un eufemismo: es conservar el sueldo, el fuero y la utilidad política sin cargar el costo partidista.
El llamado de Monreal a que “regrese” no es nostalgia; es el reconocimiento de que el disfraz no alcanza. Un senador acusado en Nueva York, que fue secretario de Gobierno de Rocha y presidente del Tribunal de Sinaloa, no se limpia con un manuscrito ni con una carta de lealtad a Palacio. Si las acusaciones son infundadas, el camino es el proceso, no la literatura. Si no lo son, el libro no las borra. Lo que queda, hoy, es un arreglo de conveniencia: Morena no lo expulsa del tablero y él no se sale del voto. El lector ya puede adelantar el título de esa historia: Cómo quedarse sin pagar el precio.
Discusión sobre este post
Sin posts




