Indígenas de Guerrero le ruegan a Trump que los salve del narco… mientras Morena negocia con los sicarios y Ariadna Montiel les sale con que “responderá a su modo”
Indígenas de Chilapa suplican a Trump mientras el gobierno negocia con narcos
Guerrero.- En las comunidades de la Sierra de Chilapa, Guerrero, familias enteras —muchas indígenas— han sido desplazadas por la violencia del crimen organizado. No es un rumor de redes: los propios pobladores de Tula lo gritaron claro en videos que circulan desde este 12 de mayo de 2026: “No huimos de la muerte, si nos quieren matar que nos maten aquí”, pero también piden ayuda urgente porque “aún no hay seguridad”. Algunos han llegado al extremo de clamar por intervención de Estados Unidos y Trump, hartos de que su gobierno federal los ignore.
Mientras tanto, la respuesta oficial es patética y reveladora. Omar García Harfuch, secretario de Seguridad, admitió que están “negociando” con los grupos armados para “evacuar a la gente antes de que se agarren a balazos”. Traducción sin filtro: el Estado mexicano ya no controla el territorio y pide permiso a los terroristas para mover civiles. Eso no es “diálogo por la paz”; es rendición disfrazada de prudencia. Países como Estados Unidos, Rusia o Reino Unido no negocian con terroristas. El México de Sheinbaum sí, y luego presume soberanía.
Ariadna Montiel, actual dirigente nacional de Morena —y antigua secretaria de Bienestar—, fue acorralada por la prensa cuando le preguntaron si su consabido grito de “vende patrias” también aplicaba a estos indígenas de Guerrero que, desesperados, suplican ayuda a Donald Trump y a Estados Unidos. Su respuesta fue evasiva: dar maromas, cambiar el tema y, ya sin salida, soltar el clásico “si le voy a dar respuesta, pero a mi modo”. Arrogancia pura, cantinfleo y cero empatía. La misma izquierda que acusa de traición a cualquiera que critique al régimen, ahora calla, patalea o evade cuando los más pobres pagan con sangre y desplazamiento la incapacidad —o complicidad— de sus gobernantes.
Esto no es un incidente aislado. Es el saldo brutal de años de “abrazos, no balazos”, de priorizar pactos subterráneos sobre el monopolio legítimo de la fuerza, y de una retórica nacionalista hueca que se derrumba cuando el narco impone su ley en regiones enteras de Guerrero. Mientras en Palacio Nacional se defiende la “soberanía” a gritos, en la sierra real los ciudadanos quedan a merced de sicarios. Y la dirigente nacional de Morena, en lugar de atender el dolor, se pone a defender el libreto partidista.
La crítica es dura porque la realidad lo exige: este gobierno ha perdido el control territorial en zonas clave, abandona a su pueblo y, cuando lo confrontan, responde con evasivas y soberbia. Los desplazados de Chilapa no necesitan discursos ni “modos” propios; necesitan Estado de derecho, no negociaciones vergonzosas con quienes los desplazan y violan. La soberanía no se defiende negociando con narcos; se recupera enfrentándolos. Hasta ahora, Morena ha elegido lo primero. Y los mexicanos de carne y hueso pagan el precio.



