En la noche del jueves ya casi a media noche, el INE adoptó el gris como color institucional. Lo anunció como símbolo de neutralidad. Es falso. El instituto no es imparcial. El gris no tapa eso.
Morena hace campaña abierta: nombra coordinadores estatales, recorre entidades, publica encuestas y define candidaturas fuera de tiempos. El árbitro no pone freno.
En 2024, el bloque oficialista obtuvo cerca del 55% de los votos y se quedó con más del 70% de la Cámara.
Ahora el INE evita aplicar a tiempo la afiliación efectiva que impediría repetir esa sobrerrepresentación en 2027.
La Comisión de Quejas ordena al PRI borrar “narcopartido” y “narcogobierno”. Al mismo tiempo, el oficialismo se adelanta sin la misma energía punitiva.
Los 11 consejeros fueron designados en la era 4T. Taddei preside con familiares en gobiernos afines. Los últimos nombramientos llegaron con el sello del Congreso oficialista. Una reforma le dio a la presidencia más poder para controlar áreas clave sin acuerdos del Consejo.
La Secretaría Ejecutiva ha sido un relevo constante de encargados. El Tribunal ha tenido que corregir al propio INE, como en los filtros de observadores electorales.
Eso no es un árbitro autónomo. Es un órgano dominado por el Gobierno Morena-4T.
El gris no es imparcialidad. Es maquillaje. La irregularidad sigue intacta.
En el arranque del proceso electoral, el 10 de septiembre, exhibieron a la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, al lado de Taddei. No organizaba casillas ni vigilaba el padrón: no tenía nada que hacer ahí. Desde 1996 ningún titular de Segob se había plantado en un acto de ese tipo. La pusieron para que se viera claro quién manda en las elecciones: el Gobierno, no un árbitro autónomo.




