¿Inminente ruptura de la alianza PVEM-Morena de cara al 2027?; diferencias en 10 de los 17 estados en disputa
El principal problema es que Morena optó por un modelo excluyente para la elección de sus candidatos a gobernadores.
Análisis.— La ruptura de la alianza PVEM-Morena parece ser sólo una cuestión de tiempo. Hay al menos 10 estados del país donde estos aliados tienen diferencias, divergencias, de cara a las elecciones de las 17 gubernaturas en juego para el 2027. El principal problema es que Morena optó por un modelo excluyente para la elección de sus candidatos a gobernadores. Los llama “Coordinadores de los Comités de Defensa de la Cuarta Transformación”, o sea, un término netamente morenista que deja fuera a sus aliados. “Coordinadores de la Alianza” hubiera sido un término incluyente. El Verde está decidido a imponer a sus candidatos en aquellos estados donde considera que tienen posibilidades reales de ganar aún sin Morena.
El PVEM está esperan la fecha en que Morena dará a conocer a sus candidatos. Y si entre ellos no están los candidatos del Verde, entonces el partido de Jorge Emilio “Niño Verde” González tomará la decisión de quebrar la alianza, pues en ese partido perciben que Morena puede perder ante los candidatos verdes, al menos en algunos de los 10 estados donde la alianza se tambalea.
Esta estrategia del Verde no es capricho: es cálculo frío. Tras años de servir como muleta electoral de Morena, el PVEM —que ha crecido gracias a las alianzas pero también a su pragmatismo descarado— ahora exige su tajada real de poder. No quiere migajas. Quiere gobernaturas. Y donde no las consiga dentro de la coalición, está dispuesto a ir solo o a negociar con quien sea. Morena, por su parte, se atrinchera en sus encuestas internas y su narrativa de “pureza transformadora”, ignorando que sin el Verde (y el PT) en varios territorios la aritmética electoral se complica.
En Chihuahua, la alianza PVEM-Morena enfrenta uno de los roces más públicos y explosivos rumbo a 2027. El coordinador político nacional del PVEM, Arturo Escobar y Vega, condicionó abiertamente la coalición a que Cruz Pérez Cuéllar (alcalde con licencia de Ciudad Juárez) sea designado Coordinador Estatal de Defensa de la Transformación. La respuesta del PT fue inmediata y dura: la diputada federal y dirigente estatal Lilia Aguilar Gil exigió “altura de miras”, rechazó categóricamente cualquier condicionamiento que ponga en riesgo la coalición Juntos Hacemos Historia y defendió que las definiciones deben hacerse mediante encuesta, no imposiciones. Aguilar Gil, además, señaló fisuras en el PAN y llamó a la unidad de la 4T. Mientras tanto, en Morena persiste la fuerte competencia interna entre Cruz Pérez Cuéllar y la senadora Andrea Chávez Treviño. Este caso no solo expone las ambiciones del PVEM por imponer su candidato, sino que revela la fragilidad de una alianza donde cada socio busca maximizar su peso, amenazando con fracturas que el opositor podría capitalizar en un estado clave del norte.
En San Luis Potosí, el caso más emblemático de choque por nepotismo entre PVEM y Morena, el partido Verde impulsó con fuerza la candidatura de la senadora Ruth González Silva, esposa del gobernador Ricardo Gallardo Cardona, como su carta principal para la gubernatura 2027. El coordinador nacional electoral del PVEM, Arturo Escobar y Vega, defendió públicamente que tienen “otra definición de nepotismo” y que Ruth era su perfil con mayor respaldo. Morena, sin embargo, cerró la puerta invocando su regla interna anti-nepotismo impulsada desde la presidencia, llegando incluso a advertir que no habría alianza si ella era la candidata. Ante la presión, Ruth González no se registró en el proceso conjunto “por prudencia”, pero el rencor y la distancia quedaron: el PVEM mantiene su respaldo a la senadora y evalúa ir solo o con menor compromiso. Este conflicto no solo expone las diferencias estatutarias entre los aliados, sino que convierte a San Luis Potosí en un laboratorio de la fractura, donde el pragmatismo dinástico del Verde choca frontalmente con la narrativa de “pureza” de Morena, debilitando la coalición en un estado gobernado por el propio PVEM.
En Colima, la ruptura de la alianza entre PVEM y Morena ya no es una amenaza latente, sino un hecho consumado. El senador y dirigente estatal del Partido Verde Ecologista de México, Virgilio Mendoza Amezcua —exalcalde de Manzanillo—, anunció de manera oficial que su partido rechazará la coalición con Morena para la gubernatura de 2027 y competirá en solitario, respaldado por la dirigencia nacional. Mendoza, quien cuenta con el aval explícito del “Niño Verde” Jorge Emilio González, dejó claro que no participará en el proceso interno de “Coordinadores de Defensa de la Transformación” de Morena y que el PVEM buscará la gubernatura y alcaldías por su cuenta, replicando el modelo exitoso de San Luis Potosí. Esta decisión marca un punto de inflexión punzante: mientras Morena registra aspirantes como Griselda Valencia, Joel Padilla y Rocío Bayardo (esta última con apoyo de la gobernadora), el Verde opta por romper y posicionar a Mendoza como su carta fuerte. Colima se convierte así en uno de los primeros laboratorios de la fractura nacional: un estado pequeño pero simbólico donde el PVEM demuestra que está dispuesto a abandonar la nave morenista cuando considera que sus liderazgos locales tienen mayor viabilidad solos. Esta movida no solo debilita la coalición en el occidente del país, sino que envía un mensaje claro a Morena: el Verde ya no acepta ser socio menor ni subordinarse a un proceso excluyente.
Quintana Roo, no se queda atrás. La sucesión de Mara Lezama se ha convertido en un duelo generacional y de corrientes: Rafael Marín Mollinedo (con experiencia federal y cercanías tabasqueñas) contra el joven senador Eugenio “Gino” Segura (con antecedentes en el PVEM), quien lidera algunas encuestas locales, junto a figuras como Ana Paty Peralta y Marybel Villegas. Aunque la alianza se mantiene formalmente, las tensiones por cuotas y el peso del PVEM en el Caribe mexicano amenazan con enconarse. Aquí el Verde no condiciona públicamente todavía, pero sabe que tiene músculo local para negociar duro o irse por separado si no le dan espacio.
En Campeche, las tensiones en la alianza PVEM-Morena se manifiestan en un proceso interno escuálido y marcado por el desgaste de la gobernadora Layda Sansores San Román, cuyos cuestionamientos públicos han colocado al estado como uno de los bastiones morenistas en riesgo para 2027. Solo tres aspirantes se registraron para la Coordinación Estatal de Defensa de la Transformación: el diputado local Carlos Enrique Ucán Yam (por Morena, considerado cercano a Sansores), Gerardo Sánchez Sansores (por el PT, sobrino directo de la gobernadora, quien defiende su aspiración pese a las reglas anti-nepotismo) y Andrés Fernández del Valle Laisequilla (por el PVEM). Esta baja participación refleja las fisuras: mientras Morena y PT lidian con acusaciones de familismo y control desde el poder actual, el Verde posiciona su propio perfil en un intento de mantener influencia, pero sin el empuje que se ve en otros estados. Analistas advierten que Movimiento Ciudadano podría capitalizar el descontento, convirtiendo a Campeche en un laboratorio de la fragilidad de la coalición. Aquí el PVEM no ha roto formalmente como en Colima, pero su rol marginal en el registro evidencia la desconfianza y el cálculo pragmático: si Morena no ofrece espacio real, el tucán priorizará su supervivencia sobre la lealtad a la 4T.
En Guerrero, uno de los estados con mayor número de aspirantes registrados (alrededor de 15), las tensiones entre PVEM y Morena giran en torno a la alta competencia interna, el peso de liderazgos históricos y las reglas anti-nepotismo. La presidenta nacional del Partido Verde Ecologista de México, la senadora Karen Castrejón Trujillo, se registró personalmente como aspirante a la Coordinación Estatal, acompañada del coordinador nacional Arturo Escobar, marcando una jugada ambiciosa del Verde por posicionar a su dirigente nacional en un estado clave. Por el lado de Morena, figuras como la exconsejera jurídica Esthela Damián han levantado la mano, mientras persiste el fantasma del nepotismo alrededor del senador Félix Salgado Macedonio (padre de la actual gobernadora Evelyn Salgado), quien ha sido señalado como posible riesgo de salida del partido si no se le da espacio. Aunque la coalición Morena-PVEM-PT se mantiene formalmente —incluso con declaraciones conjuntas del senador Manuel Velasco—, el alto número de aspirantes y las diferencias en criterios de selección revelan un tablero fracturado donde el PVEM busca mayor protagonismo y Morena intenta controlar un proceso que amenaza con desbordarse. Guerrero se perfila así como un polvorín: un estado con fuerte tradición morenista pero donde las ambiciones personales y las cuotas partidistas pueden llevar a rupturas o divisiones que el opositor aproveche.
En Nayarit, las divergencias entre PVEM y Morena se centran en la ambición del Verde por encabezar la candidatura a través de la senadora Jasmine Bugarín, quien solicitó licencia y ha sido posicionada públicamente como la carta fuerte del partido para la gubernatura de 2027. Bugarín, con mediciones internas que la colocan por encima de varios perfiles morenistas, representa el esfuerzo del PVEM por reclamar mayor peso en la coalición, en un estado donde el partido ha exigido candidaturas fuertes. Por el lado de Morena destacan aspirantes como Geraldine Ponce y otros perfiles como Cora Pinedo Alonso. Aunque la alianza se mantiene formalmente en la entidad, politólogos incluyen Nayarit entre los estados con tensiones por disputas de aspirantes y cuotas, donde el PVEM presiona por espacio real y no se conforma con un rol secundario. Esta dinámica refleja el cálculo pragmático del partido del tucán: usar su influencia regional para negociar o, en caso de exclusión, evaluar opciones independientes, sumándose al patrón nacional de fisuras que amenazan la unidad de la 4T de cara a las encuestas definitivas.
En Nuevo León, las tensiones dentro de la alianza PVEM-Morena se concentran en una disputa interna feroz por el control de la candidatura en un estado gobernado por Movimiento Ciudadano, donde la coalición busca su primera victoria histórica. Entre los aspirantes registrados destacan Tatiana Clouthier (quien renunció a su cargo federal para registrarse), la senadora Judith Díaz Delgado, la ex candidata Clara Luz Flores, el alcalde de Escobedo Andrés Mijes, el exalcalde de Monterrey Felipe de Jesús Cantú y, por el PVEM, el senador Waldo Fernández (quien aunque formalmente es del Verde, tiene cercanía con Morena). Esta saturación de perfiles —más de media docena solo en el oficialismo— genera fricciones por cuotas y liderazgos, con el PVEM buscando mantener presencia a través de Fernández mientras Morena intenta imponer sus “coordinadores” en un proceso excluyente. Politólogos señalan Nuevo León como uno de los estados con “tensión” en la designación de candidatos de la coalición, donde las diferencias internas y la fuerte competencia opositora (con figuras como Mariana Rodríguez o Adrián de la Garza) podrían fracturar la unidad si no hay acuerdos claros en las encuestas. Aquí el Verde no rompe abiertamente, pero su participación limitada resalta el cálculo pragmático: exigir espacio real o arriesgar una alianza debilitada frente a MC.
En Sinaloa, las tensiones entre PVEM y Morena se agravan por el marcado desgaste del gobierno de Rubén Rocha Moya, cuyos cuestionamientos públicos han provocado un retroceso en las preferencias del partido guinda según varias encuestas. Entre los aspirantes registrados destacan colaboradores cercanos al gobernador como Imelda Castro (senadora) y Ricardo Madrid, junto a otros perfiles morenistas que buscan capitalizar el proceso de “coordinadores”. El PVEM, aunque mantiene la coalición formal, opera con cautela en medio de jaloneos debajo de la mesa por cuotas y visibilidad, en un estado donde la alianza enfrenta riesgo real de derrota ante el PRI o MC. Analistas identifican Sinaloa como uno de los puntos calientes de la coalición, donde las diferencias en la definición de candidaturas y el desgaste local obligan a Morena a negociar con aliados que ya no aceptan roles secundarios. Rocha Moya y su círculo representan el principal lastre, mientras el PVEM evalúa si su apoyo sigue siendo estratégico o si es momento de distanciarse para preservar fuerza en el noroeste.
En Zacatecas, las tensiones en la alianza PVEM-Morena se manifiestan a través de una competencia interna intensa dentro de Morena, donde la senadora Verónica Díaz Robles (exfuncionaria cercana al gobernador David Monreal) y Ulises Mejía Haro lideran las preferencias en encuestas locales, disputándose el posicionamiento para la Coordinación Estatal. Ambos perfiles han sido señalados en registros y mediciones recientes, con Mejía Haro ganando terreno en algunos estudios. El PVEM, aunque mantiene la coalición formal, opera en un contexto de “tensión” identificada por politólogos, donde las disputas por cuotas y liderazgos locales amenazan la unidad de la alianza. Zacatecas, gobernado por Morena, enfrenta además desafíos por el desgaste de administraciones anteriores y competencia opositora, lo que obliga al Verde a negociar espacio real para no quedar relegado. Esta dinámica refleja el patrón nacional: Morena intenta controlar el proceso con sus “coordinadores”, mientras el PVEM presiona por mayor protagonismo, arriesgando fracturas si no se llega a acuerdos claros antes de las encuestas definitivas de 2027.
Este patrón no es casual. El PVEM, bajo el “Niño Verde” y figuras como Manuel Velasco, ha votado en contra de reformas clave de Morena (representación proporcional, financiamiento) y ahora cobra factura. Mientras Morena impone un proceso excluyente con sus “coordinadores”, el Verde prepara el terreno para romper donde le convenga. No es lealtad a la 4T lo que mueve al tucán: es supervivencia y ambición pura.
La pregunta ya no es si habrá rupturas, sino en cuántos de estos 10 estados ocurrirán y cuánto daño le harán a Morena. Una alianza que nació por conveniencia electoral se deshace por la misma razón: conveniencia. Cuando el Verde perciba que puede ganar más solo o con otros arreglos, el “Juntos Hacemos Historia” se convertirá en “Cada quien por su lado”. Morena, ciega por su hegemonía, puede estar cavando su propia trinchera en varios territorios clave.
La 4T presume unidad monolítica, pero la realidad es un tablero fracturado donde los aliados ya no se sienten socios menores. El tiempo corre. 2027 se acerca y las encuestas internas definirán no solo candidatos, sino la supervivencia misma de la coalición que llevó a Claudia Sheinbaum al poder.



