¿Ironía o más leña al fuego de la impunidad? : Cuauhtémoc Blanco responde con beso al aire a diputada que lo llamó “violentador” y desata denuncia exprés
Durante la conmemoración del Día contra la Violencia hacia las Mujeres en San Lázaro, la diputada petista Martha Ávila acusó al morenista Cuauhtémoc Blanco de ser violentador; él respondió con un beso
CDMX.- En el corazón de San Lázaro, justo cuando el Congreso conmemoraba el 25 de noviembre –el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres–, el diputado morenista Cuauhtémoc Blanco decidió que un beso al aire era la mejor réplica a un reclamo directo. La escena, capturada en un video que se viralizó en horas, muestra a la diputada del PT, Martha Aracely Cruz, encarando al exfutbolista: “Debería ser juzgado por violentador”. Su respuesta: un gesto burlón que desató una avalancha de críticas, desde carteles de diputadas de Movimiento Ciudadano que lo tildan de “violentador protegido” hasta un debate nacional sobre si esto es un desliz aislado o el enésimo capítulo de un historial tóxico.
El escándalo no se quedó en memes: el 26 de noviembre, la misma Cruz presentó una denuncia formal ante el pleno por violencia simbólica y sexual, exigiendo que el Comité de Ética investigue el gesto de Blanco como un acto de revictimización en pleno debate sobre género. Mientras tanto, en una coincidencia que roza lo kafkiano, la Cámara de Diputados votaba nominalmente –en general y particular– la adición del artículo 64 Quáter a la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, vinculada al artículo 123 constitucional, para endurecer sanciones contra agresores en el ámbito laboral y público. Aprobado por mayoría, este cambio busca blindar a las mujeres en espacios de poder, pero el timing expone la brecha: ¿leyes nuevas para tapar grietas viejas?
Blanco, no ajeno a los reflectores ni a las sombras, emitió un comunicado ese mismo día para “aclarar” el asunto. En él, rechaza “categóricamente” cualquier falta de respeto o violencia, insistiendo en que su gesto fue “un acto aislado, sin ánimo de confrontación” y un llamado a la reflexión institucional. Como servidor público, comprende que cualquier acción se escudriña, pero urge respeto en el debate y condena las “descalificaciones personales” que, según él, desvían la lucha contra la violencia de género. Reafirma su compromiso con la dignidad de las mujeres, pidiendo que el foco vuelva a soluciones reales.
¿Suena convincente? En un México donde, según datos del Inegi, 66% de las mujeres mayores de 15 años han sufrido violencia en algún momento de su vida, y donde 10 feminicidios se cometen al día –la mitad impunes, per datos de la ONU Mujeres–, el timing es demoledor. Blanco no es un novato en estas lides: en marzo de 2025, su media hermana Nidia Fabiola lo denunció por intento de violación, detallando en la carpeta de la Fiscalía de Morelos cómo la arrinconó, la golpeó y la acosó durante cuatro minutos en su casa. Un video posterior de su esposa evidenció moretones que ella atribuyó a él. Y en junio, un tribunal electoral lo declaró culpable de violencia política de género contra una senadora de su propio partido, inscribiéndolo en el padrón de agresores del INE.
Este “beso” no flota en el vacío; es un eco de un patrón que las instituciones han tolerado demasiado tiempo, desde su gubernatura en Morelos hasta el pleno federal. Mientras Blanco pide empatía y el Congreso aprueba reformas con una mano, las diputadas de MC lo exponen con carteles que gritan lo obvio: proteger violentadores normaliza el horror. En una fecha que exige acciones firmes, no excusas, urge que el Comité de Ética no se conforme con gestos: que investigue, sancione y ponga la dignidad en el centro. Porque si el “Cuau” puede soplar besos impune, ¿qué mensaje le mandamos a las miles que claman justicia?




