Jueza de Nueva York destapa “evidencia abundante” de narco-gobierno en Sinaloa y deja a Sheinbaum y Morena sin escapatoria
Jueza de Nueva York califica de “abundante” la evidencia contra exsecretario de Seguridad de Sinaloa y otros exfuncionarios
CDMX.- En menos de 24 horas, el gobierno de Claudia Sheinbaum y Morena quedaron al descubierto. Una jueza federal de Nueva York, Katherine Polk Failla, declaró en audiencia pública que existe evidencia abundante contra Gerardo Mérida Sánchez —exsecretario de Seguridad de Sinaloa y general en retiro— por sus presuntos vínculos con el Cártel de Sinaloa (facción Los Chapitos). No solo eso: la magistrada habló de “olas de acusados” que siguen llegando, incluidas figuras como el gobernador con licencia Rubén Rocha Moya, el senador Enrique Inzunza y otros exfuncionarios sinaloenses. El Departamento de Justicia de EU ya tiene el expediente; la próxima audiencia es el 4 de agosto.
¿La respuesta de la Presidencia? La clásica patada hacia adelante. Sheinbaum, con la frialdad de quien no quiere ensuciarse, declaró que “le corresponde a la FGR analizar las pruebas”. Como si la Fiscalía General de la República, controlada por el mismo partido, fuera un ente imparcial y no el escudo que ha sido hasta ahora.
Peor aún: Ariadna Montiel, presidenta nacional de Morena, salió a blindar a los señalados. “Vamos a esperar a que se presenten las pruebas”, dijo, y confirmó que Rocha Moya, Inzunza y Juan de Dios Mendívil siguen siendo militantes del partido. Traducción: mientras EU acumula evidencias que la propia jueza califica de “voluminosas”, Morena los mantiene en el redil y les da cobijo político. ¿Pruebas? Ya las hay. Lo que falta es voluntad de actuar.
Mientras tanto, la oposición no se quedó callada. La Alianza Mexicana de Abogados presentó ayer ante el Senado una solicitud formal de desaparición de poderes en Sinaloa, argumentando que el Ejecutivo y Legislativo estatal han sido rebasados por la violencia y los presuntos nexos con el crimen organizado. La senadora priista Paloma Sánchez los acompañó y fue contundente: “Que se vayan los narcopolíticos del estado de Sinaloa”. Cifras en mano, habló de 21 meses de crisis que ni la licencia de Rocha ni la interina han resuelto.
Y para rematar el día, la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, le respondió directo a Sheinbaum. La Presidenta había advertido de “injerencia extranjera” rumbo a 2027. Campos, sin rodeos: “La injerencia más bien del crimen es de la que debemos cuidarnos”. Traducción: el verdadero peligro no viene de Washington, sino de los cárteles que ya operan dentro de casa.
Esto no es un “caso aislado”. Es la confirmación de lo que muchos sospechaban: un partido que llegó al poder prometiendo acabar con la corrupción y el narco ahora protege a sus cuadros con la misma impunidad que criticaba. La FGR, convertida en apéndice político, “analizará” lo que ya está probado en Nueva York. Morena se atrinchera en la espera eterna. Y Sinaloa, el estado que pagó con sangre el supuesto “abrazo, no balazos”, sigue en llamas.
La pregunta incómoda es una sola: ¿hasta cuándo México va a tolerar que sus instituciones sirvan de escudo a los presuntos narco-políticos? Porque mientras Sheinbaum y Montiel juegan al “esperemos las pruebas”, el cártel ya tiene las suyas… y las está usando.



