Hidalgo.- En la Plaza de la Constitución de Zacualtipán, Hidalgo, la Sección 15 del SNTE armó su “Noche Mexicana” —jornada “Unidos con Orgullo Mexicano”— y contrató a la Sonora Dinamita. Una maestra subió al escenario, se aferró al micrófono y hubo que sacarla a empujones mientras el público coreaba “¡que la dejen, que la dejen!”. Lo grabaron. Lo viralizaron. El sindicato, hasta ahora, no ha dado la cara.
No hace falta inventar el diagnóstico: PISA 2025 acaba de dejar a México con 388 puntos en matemáticas —siete menos que en 2022 y el piso más bajo desde 2006— y apenas 30% de los alumnos de 15 años alcanzó el nivel básico, frente al 65% de la OCDE. En lectura también se hundió. En una década, 22 puntos menos en matemáticas y 15 en lectura. Mientras el país pierde evaluaciones nacionales y se consuela con “resiliencia”, el gremio que debería defender el salón de clases se retrata en verbena, micrófono y espectáculo.
Así de patética es la postal: no es “una maestra que se soltó”. Es el retrato de un sistema que hace años confundió educación con sindicato, evaluación con ofensa y escuela con fiesta pagada. Luego fingimos sorpresa cuando los números confirman el atraso. Si esto es el “orgullo mexicano” del magisterio oficial, el retroceso no es un misterio: es la consecuencia lógica de haber convertido el aula en el último lugar de la fiesta.
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