CDMX.- Finca Rocío Chocolate Corporation, la empresa que Andrés Manuel “Andy” López Beltrán ha presentado como el negocio del que vive, fue constituida el 6 de octubre de 2020 en Albany, Nueva York, con domicilio en un edificio residencial y agente registrado Jesús Héctor Gutiérrez. Según los registros oficiales del Departamento de Estado de Nueva York, la compañía no ha presentado ninguna de sus obligaciones de reporte ni declaraciones desde el 31 de octubre de 2022: su estatus es “Past Due” y el único documento en el expediente es el certificado de incorporación.
Mientras en México la marca Finca Rocío opera tiendas en el Centro Histórico de la Ciudad de México, Villahermosa y Cancún con chocolates “tree to bar” elaborados con cacao de la finca familiar en Teapa, Tabasco —nombrada en honor a su madre fallecida—, la versión estadounidense lleva años sin cumplir los mínimos requisitos de transparencia. Andy ha insistido en que este es su sustento legítimo, alejado de la política, pero los papeles públicos muestran una sociedad que existe en el papel y desaparece cuando toca rendir cuentas.
La opacidad no es anecdótica: se suma a las antiguas sospechas de posibles vínculos con el programa Sembrando Vida y a la red de negocios familiares que incluye Vinos Cósmicos y Realesco. En un país donde al ciudadano de a pie el SAT lo aprieta por un recibo de 500 pesos, el hijo del expresidente mantiene una corporación gringa en mora sin que nadie levante la ceja. Transparencia selectiva, impunidad de marca registrada.
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