La cobardía de los intocables: Morena se esconde mientras EU señala narcolazos en el Senado
Senador de Morena Enrique Inzunza no acude a la Comisión Permanente ante acusaciones de EU
CDMX.- El senador morenista Enrique Inzunza decidió no presentarse este miércoles a la sesión de la Comisión Permanente. En un mensaje que más bien parece confesión, evitó dar la cara y atacó a los “personeros de la derecha conservadora” en lugar de aclarar las graves acusaciones de Estados Unidos por presunta colaboración con el crimen organizado.
No es un detalle menor. El mismo político que exigía juicio político contra Maru Campos ahora prefiere esconderse. “No dará explicaciones”, escribió. El miedo no anda en burro, y aquí se nota.
Claudia Sheinbaum se lavó las manos con frialdad quirúrgica: “Depende de él”. No es asunto de la Presidenta, según ella. Curioso: cuando se trata de defender a sus aliados, el gobierno federal se vuelve inflexible. Cuando toca rendir cuentas por vínculos con el narco en Sinaloa —el estado de Rocha Moya y ahora también Inzunza—, de pronto todo es “personal”.
Adán Augusto López, coordinador de Morena en el Senado, optó por el clásico “ya saben que yo no hago declaraciones”. Ignacio Mier remató con que “el mejor juez es el pueblo”. Mientras tanto, Rubén Moreira (PRI) lo dijo claro: si las acusaciones fueran falsas, ya habrían salido a desmentirlas con todo. No pasó.
La oposición no se quedó callada. Lilly Téllez denunció el narcopacto de Morena y señaló que mientras ella trabaja en EU, Inzunza se esconde. Ricardo Anaya exigió detenciones inmediatas antes de que huyan. Ricardo Monreal, en un arranque tardío de decoro, pidió a Morena no aceptar a gente vinculada al crimen. Demasiado poco, demasiado tarde.
Las acusaciones estadounidenses no son invento de la “derecha”. Apuntan directamente a funcionarios de Sinaloa y legisladores por presuntos lazos con el crimen organizado. En lugar de transparencia, Morena ofrece evasivas, ataques y silencio. El mismo partido que presume “no robar, no mentir, no traicionar” ahora defiende —o ignora— a quienes, según EU, hicieron exactamente lo contrario.
Esto no es un incidente aislado. Es el síntoma de un régimen que llegó al poder prometiendo acabar con la corrupción y terminó blindando a sus propios señalados. Mientras Trump advierte que si México no actúa, EU lo hará, aquí los acusados cobran sueldo público, mantienen fuero y se esconden detrás de “no es asunto mío”.
La cobardía es mayúscula. La hipocresía, peor. México merece respuestas, no más teatro de evasiones. Si son inocentes, que lo demuestren en tribunales. Si no, que asuman las consecuencias. Esconderse solo confirma lo peor.




