Jalisco.- En Tamazula de Gordiano, Jalisco, la noche del 15 de septiembre, la escolta de la Policía Municipal intentó llevar la bandera a la ceremonia previa al Grito y terminó dando un espectáculo de desconcierto: unos hacia un lado, otros hacia el otro, el lábaro en medio y el protocolo hecho trizas. El video, difundido ampliamente en redes —con material de Sandra Romandia— ya es viral. No fue un “meme abstracto”: ocurrió en plena explanada, frente a autoridades, banda y público.
Lo jocoso se vuelve incómodo cuando se recuerda el contexto. En años recientes el propio Ayuntamiento ha reconocido plantillas cortas —en un episodio de violencia y bloqueos se habló de unos 35 municipales y déficit de elementos— y ha pedido más apoyo estatal y federal. Que una corporación con esa historia no pueda ni sincronizar un paso de escolta no es solo un tropiezo cívico: es la postal de una seguridad municipal que, cuando no enfrenta al crimen, tampoco le atina al ensayo. En Guadalajara el Grito de 2026 se vendió con miles de elementos y “saldo blanco”; en Tamazula, la patria avanzó en formación partida.
La crítica dura no es reírse de los policías de a pie. Es señalar que el Estado presume solemnidad patriótica y no cubre lo básico: entrenamiento, mando y coordinación. Si la escolta se desordena con la bandera a la vista, ¿qué se espera cuando no hay luces, cámara ni himno? El Grito pide independencia; lo que se vio fue dependencia del azar. Y el azar, en seguridad pública, no es chiste: es diagnóstico.
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