La gran traición: Sheinbaum entierra su promesa anti-fracking y abre la puerta al “fracking del bienestar”
Sheinbaum abre la puerta al fracking y convoca a universidades para evaluarlo
CDMX.- En menos de 24 horas, Claudia Sheinbaum pasó de convocar a rectores de la UNAM, UAM e IPN para “analizar con rigor científico” la fractura hidráulica a admitir en vivo lo que todos sabían: ella misma pasó años gritando “fracking no” y ahora dice que “lo peor que podemos decir es solo no”.
El pretexto es la “soberanía energética”. México importa el 70 % del gas que consume y Pemex no da más. Por eso, de un plumazo, lo que ayer era “neoliberalismo depredador” y “ecocidio” se convirtió en “nuevas tecnologías con bajo impacto” que un comité de académicos evaluará en dos meses.
Leonardo Lomelí, rector de la UNAM, y Gustavo Pacheco, de la UAM, ya posaron sonrientes ofreciendo “total apoyo” y “evaluación responsable de costos técnicos, económicos y sociales”. Palabras bonitas. La misma UNAM que calló cuando el gobierno anterior destrozó ríos y selvas con megaproyectos ahora se presta para legitimar lo que Morena demonizó durante una década.
Mientras tanto, afuera de la Cámara de Diputados, indígenas de la Huasteca Potosina —más de 300 comunidades tenek y náhuatl— protestaban con carteles y megáfonos: “¡No al fracking, ni aquí ni allá!”. Saben de qué hablan. Saben que la fractura hidráulica consume millones de litros de agua, contamina mantos acuíferos y deja un rastro de químicos que nadie ha logrado eliminar del todo en ningún lugar del mundo.
La hipocresía es descarada. En campaña, Sheinbaum firmó compromisos claros: “No se va a permitir la explotación de hidrocarburos a partir del fracking”. Hoy lo rebautiza “gas no convencional” y lo vende como salvación nacional. Organizaciones ambientales y la Alianza Mexicana contra el Fracking ya le recordaron que “en los hechos no existe” un fracking sustentable. Es lo mismo de siempre: más pozos, más agua, más riesgo y, al final, más factura para los de abajo.
No hay tecnología mágica que borre la realidad: México no tiene ni el dinero ni la infraestructura para perforar miles de pozos sin depender de capital extranjero. Y cuando llegue la cuenta, el “bienestar” se convertirá en el mismo desastre ambiental que criticaron durante años.
Sheinbaum puede convocar a todos los científicos que quiera. La realidad ya gritó primero: las comunidades indígenas no se tragan la maroma. El fracking no cambió. Cambió solo quien lo necesita para tapar el agujero energético que dejó la 4T. Y esa, señora Presidenta, no es soberanía. Es pura desesperación disfrazada de ciencia.



