CDMX.- El Inegi confirmó lo que el mercado ya olía: en agosto la inflación anual subió a 3.26% desde 3.12% en julio, con un alza mensual de 0.20%. El dato rompe una racha de desaceleración y se aleja otra vez de la meta puntual de 3% de Banxico, aunque sigue dentro del rango de ±1 punto. Lo que no cabe en el discurso de “precios contenidos” es el detalle: la cebolla se disparó 32.70% en el mes, el chile serrano 19.61%, el limón 11.17% y el huevo 8.91%. Ahí no hay abstracción estadística; hay despensa.
La subyacente —la que quita lo volátil y mide la inercia— bajó apenas a 3.88% desde 3.95%. No es un incendio, pero tampoco un alivio. Los servicios siguen caros: las colegiaturas avanzaron 1.09% en el mes y ya llevan 6.04% anual. Educación, fondas y taxi empujan por un lado; papa, gas LP y jitomate jalan por el otro. El promedio nacional se maquilla con lo que baja. La mesa, no.
Vender este 3.26% como prueba de disciplina es un truco de presentación. El índice cabe en el intervalo de Banxico; el ticket del súper y el recibo escolar no. Mientras el banco central mantiene la tasa en 6.5% y pospone el 3% hasta finales de 2027, el hogar paga el desfase entre el boletín y la realidad. La inflación no se “siente controlada” cuando lo que más se come y lo que más se estudia es lo que más pega.





