CDMX.- Morena entregó la Coordinación de la Defensa de la Transformación en Nayarit a Jasmine María Bugarín, senadora con licencia del Verde, después de un “ajuste de paridad” que desplazó a Héctor Santana, ganador de la encuesta interna en los ocho indicadores. Bugarín nació el 27 de octubre de 1986 en Los Ángeles, hija de campesinos nayaritas que trabajaban en California, y está inscrita en México como nacida en el extranjero. Es mexicana por nacimiento por filiación, no porque haya nacido en territorio nacional. Ariadna Montiel reconoció la doble nacionalidad y dijo que la legisladora se comprometió a completar trámites para quedarse solo con la mexicana.
Claudia Sheinbaum no cerró el expediente. Pidió revisar la Constitución de Nayarit, leyó el artículo 62 —mexicano por nacimiento, hijo de padres mexicanos y nativo del estado o avecindado al menos cinco años antes de la elección— y se desentendió: que lo aclare Morena y que lo aclare Jasmine. El punto es más incómodo de lo que admite Palacio. El artículo 62 no prohíbe de forma expresa una segunda nacionalidad, pero Bugarín no es nativa de Nayarit; su viabilidad local depende de acreditar vecindad, no de un discurso de raíces. La reforma federal de nacionalidad única, aprobada en el Senado el 29 de septiembre, exige renuncia previa a otra ciudadanía para Presidencia, gubernaturas y Jefatura de Gobierno de la CDMX, pero su régimen transitorio la aplica a partir del proceso de 2028: la elección de Nayarit en 2027 quedaría, en principio, fuera de esa regla. Sheinbaum, aun así, llegó a sugerir vigencia inmediata. Bugarín respondió que no eligió dónde nacer, que su lealtad es con México y que ante la SRE ya manifestó renuncia a toda sumisión o fidelidad a un Estado extranjero, trámite certificado de nuevo en 2024. Ese certificado no es, por sí solo, la renuncia formal de la ciudadanía estadounidense ante autoridades de Estados Unidos.
La contradicción no es jurídica menor: es política. El mismo bloque que impulsa un test de lealtad exclusiva acomoda a una corcholata nacida en California, impuesta sobre el ganador de su propia encuesta y del Verde, y luego la presidenta pide que “lo aclaren otros”. Si no se puede servir a dos banderas cuando está en juego la soberanía, tampoco se puede predicar pureza nacional y practicar el acomodo de coalición. O la regla vale para todos o es solo un slogan para el rival.
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