CDMX.— Morena y sus aliados del PT y Partido Verde arrancaron este martes el destape formal de quienes encabezarán las 17 coordinaciones estatales de la “Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional”. El eufemismo no es inocente: se trata, en la práctica, de los virtuales candidatos a las gubernaturas de 2027. Los primeros tres nombres confirmados son Nora Ruvalcaba Gámez en Aguascalientes, Pablo Gutiérrez Lazarus en Campeche y Rosa María “Rosi” Bayardo Cabrera en Colima.
Ruvalcaba, senadora con licencia y dos veces candidata previa en un estado que sigue siendo bastión panista, vuelve a ser la carta para intentar pintar de guinda lo que el partido llama “mancha azul”. Gutiérrez Lazarus, alcalde con licencia de Ciudad del Carmen y tres veces edil (primero por el PAN, luego por Morena), se registra en línea, no asiste presencialmente el día de la inscripción y aparece como la figura principal de la 4T en Campeche con el respaldo temprano de la gobernadora Layda Sansores. Bayardo, alcaldesa con licencia de Manzanillo y perfil cercano a la gobernadora Indira Vizcaíno, llega como la opción de continuidad en Colima.
La característica principal de este proceso no es la democracia interna ni la consulta a la militancia. Es la opacidad.
Morena ha insistido desde junio que el método de selección sería la encuesta. Citlalli Hernández, presidenta de la Comisión Nacional de Elecciones, lo ha repetido una y otra vez: “será el método de encuesta el que defina”. Sin embargo, al momento de anunciar a los tres primeros coordinadores, el partido no mostró ni un solo resultado. No hay porcentajes, no hay muestra, no hay casa encuestadora identificada, no hay desglose por municipio ni por segmento. Cuando reporteros preguntaron hoy por esos datos, la respuesta de Citlalli Hernández, presidenta de la Comisión Nacional de Elecciones de Morena, fue clara: “eso es interno”.
El caso de Campeche ilustra el absurdo. El eventual ganador de la “encuesta” ni siquiera se presentó el día del registro; lo hizo en línea. Mientras otros aspirantes sí acudieron, el perfil que terminó imponiéndose evitó la prensa y las cámaras. La opacidad no es un accidente: es el diseño.
Este esquema de “coordinadores” permite, además, empezar a hacer política electoral con nombre y apellido mucho antes de que el INE abra los plazos legales. Ya están en recorrido, ya hablan de “defender la transformación”, ya movilizan estructuras y ya se presentan como los abanderados. Es precampaña anticipada con otro nombre. Más opacidad y más trampa.
De aquí al viernes, cuando se espera que terminen de anunciar a los 17, el patrón se repetirá. Habrá más nombres “ganadores de encuesta”, más actos de toma de protesta en el World Trade Center o en los estados, más discursos de unidad y más negativas a transparentar los resultados. Algunos perfiles llegarán con el respaldo evidente de gobernadores en funciones; otros serán los que la cúpula nacional haya negociado con los aliados. La encuesta servirá, una vez más, como sello de legitimidad a posteriori de decisiones ya tomadas.
Lo que se puede esperar no es un proceso competitivo abierto. Es la consolidación de un método que concentra el poder de decisión en el centro, minimiza el conflicto público entre aspirantes y convierte la “consulta al pueblo” en un trámite interno e inverificable. Mientras tanto, los coordinadores ya están en campaña. Y las reglas electorales, una vez más, se observan en el discurso y se burlan en los hechos.







