CDMX.- Ricardo Monreal reconoció abiertamente que existe una contradicción constitucional que pone en riesgo el camino de Lenia Batres hacia la presidencia de la Suprema Corte en 2027. Aunque el artículo 94 —producto de la reforma judicial— ordena que la presidencia rote cada dos años según los votos de la elección de 2025 y le correspondería a ella como segunda más votada (después de Hugo Aguilar), el artículo 97 sigue vigente y permite que el Pleno elija por mayoría a su presidente por cuatro años. Monreal admitió que, si el Congreso no corrige el desastre, los ministros podrían resolverlo “por consenso” y designar a otra persona.
Esa antinomia no es un detalle menor: es el resultado directo de la precipitación con la que Morena y sus aliados impulsaron la reforma en 2024. Cambiaron las reglas para imponer el voto popular, pero dejaron intacto el mecanismo tradicional. Ahora, con Batres enfrentada a varios de sus colegas —después de acusarlos de “animadversión insana” por rechazar uno de sus proyectos y de oponerse al aumento presupuestal y a la restitución de privilegios—, el escenario se complica. Ni Sheinbaum ni el propio partido han cerrado filas con ella.
Lo que queda es un cuadro patético: el mismo movimiento que vendió la elección de ministros como un triunfo democrático abre la puerta a un arreglo interno para desplazar a una de las suyas. La reforma no modernizó la justicia; solo sembró el caos y las peleas de poder. Y Monreal, al reconocerlo sin tapujos, solo confirma que el invento ya se les está saliendo de las manos.
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