La “salud mejor que Dinamarca” que oculta Sheinbaum: videos virales exponen el colapso de los hospitales públicos
Videos destapan la crisis hospitalaria que desmiente la “salud como en Dinamarca”
Viral.- Videos que circulan en X desde el 19 de junio muestran la realidad que el gobierno federal se niega a reconocer. En uno, una doctora denuncia abiertamente la falta de insumos y medicamentos en un hospital público, mientras el sistema IMSS-Bienestar presume “atención digna”. En otro, imágenes de camas sucias, pacientes en condiciones precarias y ausencia de lo básico contrastan con la propaganda oficial. Un tercer video compara el sistema mexicano con el danés, donde los ciudadanos entrevistados describen un servicio eficiente y con recursos. El cuarto, del propio IMSS-Bienestar, intenta desmentir el desabasto, pero es recibido con burlas y acusaciones de mentira por usuarios y trabajadores.
Estos contenidos unifican una misma denuncia: la destrucción del Seguro Popular —que en 2018-2019 cubría a más de 51 millones de personas sin seguridad social— dejó a millones sin acceso efectivo a la salud. Datos de evaluaciones y reportes posteriores indican que la eliminación del programa (reemplazado por el fallido INSABI y luego IMSS-Bienestar) provocó un retroceso significativo: para 2023, cerca del 29% de la población carecía de cobertura efectiva, según análisis del INSP y otras fuentes. Lo que antes cubría consultas, cirugías y enfermedades catastróficas para los más pobres, hoy se traduce en desabasto persistente, cancelaciones de compras por proveedores incumplidos y protestas de personal médico.
Andrés Manuel López Obrador cerró su sexenio presumiendo que dejaba “un sistema mejor que el de Dinamarca”. Claudia Sheinbaum y Zoé Robledo mantienen el mismo guion de negación. La realidad que muestran los videos —y que confirman reportes de desabasto en estados como Sinaloa y Puebla en junio de 2026— es otra: un sistema centralizado, politizado y sin capacidad de respuesta, donde el dinero se gasta en propaganda mientras los hospitales operan con carencias estructurales.
Este no es un problema técnico. Es el resultado de una decisión política deliberada: acabar con un esquema que, con todas sus fallas, había reducido drásticamente la población sin acceso a salud, para imponer un modelo de control que prioriza el relato sobre los resultados. Los afectados no son los chairos que defienden el discurso oficial; son los millones que pagan con sufrimiento, retrasos y, en muchos casos, vidas evitables. La “transformación” en salud no mejoró nada: destruyó lo que funcionaba medianamente y lo sustituyó por un fiasco que hoy se intenta tapar con comunicados y videos de relaciones públicas.




