La soberanía tiene excepciones: sobrina de AMLO y diputada de Morena presume universidad en Texas para su hijo
“Primero la soberanía”… y después Texas: la sobrina de AMLO presume que su hijo estudia en universidad gringa
EU.- Úrsula Patricia Salazar Mojica, diputada local de Morena por el Distrito XXI de Tampico en Tamaulipas y fundadora del partido en ese estado, publicó recientemente imágenes y mensajes en los que presume que su hijo Juan Carlos estudia y trabaja en la Texas State University de San Marcos, Texas. Los videos y publicaciones virales, muestran a la legisladora celebrando la estancia de su hijo en Estados Unidos, mientras repite consignas como “primero la soberanía”. La relación familiar la sitúa como hija de Úrsula Mojica Obrador, prima de Andrés Manuel López Obrador, lo que la coloca en el círculo cercano del expresidente.
El caso revive el discurso oficial de la 4T, que durante años criticó los estudios en el extranjero como propios de una mentalidad “aspiracionista, individualista y tecnócrata”. Según estimaciones oficiales de Texas State University para 2026-2027, un estudiante no residente enfrenta colegiaturas y fees cercanos a los 25 mil dólares anuales, más vivienda, manutención y gastos que elevan el costo total por encima de los 43 mil dólares al año (alrededor de 800-900 mil pesos mexicanos según el tipo de cambio). Salazar Mojica, cuya familia tiene vínculos directos con instituciones públicas locales como el Tecnológico de Madero (dirigido por su esposo), opta por una universidad estadounidense de alto costo en lugar de las opciones públicas mexicanas que el propio movimiento defiende.
Esto no es solo un detalle familiar: es la evidencia más clara de la doble moral que permea al poder morenista. Mientras se predica austeridad republicana, soberanía nacional y educación pública de calidad para el pueblo, la élite política envía a sus hijos a costosos planteles extranjeros sin explicar el origen de los recursos. No basta con “esfuerzo familiar”; la brecha entre el discurso anti-élite y las prácticas de quienes lo enuncian erosiona cualquier credibilidad restante. Si la transformación era real, empezaría por casa. En cambio, confirma que ciertos privilegios siguen intactos, solo con nueva etiqueta.



