La sonrisa rígida de Sheinbaum: Cuando el cuerpo traiciona el discurso de control
Sheinbaum evade detalles sobre abatimiento de “El Mencho” en gira por Coahuila
Coahuila.- En un evento de entrega de programas sociales en Coahuila este domingo 22 de febrero, la presidenta Claudia Sheinbaum intentó proyectar calma absoluta, con una sonrisa que pretendía transmitir que todo está bajo control en México. Sin embargo, su lenguaje corporal contaba otra historia: brazos cruzados, roces repetidos en el torso y una rigidez evidente en el rostro, signos claros de estrés ante el caos nacional desatado por la operación contra Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”. Usuarios en X, como la asesora en comunicación Bárbara Tijerina, no tardaron en señalarlo, interpretando estos gestos como un intento fallido de autorregulación emocional, mientras comentarios especulaban sobre un chaleco antibalas que le molestaba bajo la ropa.
La realidad en las calles era diametralmente opuesta: tras el abatimiento del líder del Cártel Jalisco Nueva Generación en Tapalpa, Jalisco, durante un operativo de fuerzas especiales con apoyo estadounidense, estallaron bloqueos y quema de vehículos en estados como Jalisco, Michoacán, Guanajuato y Tamaulipas. En Morelia, el transporte público se suspendió por seguridad, y en Puerto Vallarta, autos calcinados en estacionamientos reflejaban la violencia inmediata. La Secretaría de la Defensa confirmó la muerte de “El Mencho” en traslado, junto a otros sicarios, pero el saldo oficial incluyó militares heridos y un país en alerta, con refuerzos de la Guardia Nacional desplegados.
Este episodio expone el fracaso rotundo de la política de “abrazos no balazos”, heredada de López Obrador y mantenida por Sheinbaum, que prioriza el diálogo sobre la confrontación directa con el crimen organizado. Mientras la mandataria sonríe en actos públicos, la escalada de violencia post-operativo demuestra que ignorar la fuerza letal de cárteles como el CJNG solo agrava el descontrol, dejando a México vulnerable a reacciones como las vistas el domingo. La presión de Trump parece haber forzado la mano, pero el costo humano y social revela una estrategia ingenua que ya no convence a nadie.



