La trampa, el narco y la lealtad rota: Monreal pide “serenidad” mientras Bonilla acusa a Marina del Pilar de narcoterrorismo
¡Se rompió el pacto! Bonilla llama “narcoterrorista” a Marina del Pilar y revela que AMLO la protegió pese a los expedientes del narco
CDMX.- Los audios filtrados de Marina del Pilar Ávila, gobernadora de Baja California, han desatado una guerra abierta dentro del movimiento oficialista. En las grabaciones —publicadas por el periodista Héctor de Mauleón en El Universal entre junio y julio de 2026— se escucha a la mandataria conversar con supuestos intermediarios de agencias estadounidenses. Ofrece compartir información de las mesas de seguridad a cambio de resolver su situación migratoria tras la revocación de su visa en mayo de 2025, junto con la de su entonces esposo Carlos Torres, investigado por presuntos nexos con el crimen organizado.
Marina del Pilar respondió el 15 y 16 de julio acusando directamente a su antecesor, Jaime Bonilla (dirigente estatal del PT), de tenderle una “trampa”. Según ella, en diciembre de 2025 Bonilla le ofreció gestionar una reunión vía WhatsApp para tratar su visa revocada; confió en él como predecesor y asistió, pero ahora afirma que el objetivo era grabarla y filtrar los fragmentos para dañarla políticamente. Niega haber cometido traición o entregado información sensible más allá de la coordinación bilateral habitual en la frontera.
Bonilla rechaza categóricamente haber organizado reuniones, participado en ellas o filtrado nada. En entrevistas y videos recientes sostiene que nunca habló con ella en meses, que los audios no lo mencionan y que es “ilógico” que él recomendara a alguien ante el FBI o el Departamento de Estado. En cambio, contraataca con dureza: califica a Marina del Pilar de “narcoterrorista” y acusa a su gobierno de ser un “narcogobierno” que ha entregado el estado al crimen organizado. Asegura que advirtió varias veces a Andrés Manuel López Obrador con expedientes sobre funcionarios corruptos en la Fiscalía y policía estatal vinculados al narco; diez días después, López Obrador viajó a Tijuana a respaldar públicamente a la gobernadora. Bonilla dice que por eso rompió con Morena: le explicaron que debía “apoyar el proyecto”.
Ricardo Monreal, coordinador de los diputados de Morena, intervino el 16 de julio llamando a la “prudencia” y la “calma” a ambos. Afirmó que las diferencias públicas “afectan al movimiento” y expresó solidaridad con Marina del Pilar, a quien describió como víctima de una campaña en su contra.
La crítica que no se puede maquillar
Este no es un simple pleito entre excompañeros de partido. Es la confirmación pública de lo que muchos sospechaban: en Baja California, estado clave por su frontera y control del crimen organizado, la lealtad política ha pesado más que las evidencias de corrupción y posibles vínculos con el narco. Si las advertencias de Bonilla a López Obrador eran ciertas —y hasta ahora nadie las ha desmentido con hechos—, el expresidente priorizó proteger a “su gobernadora” por encima de la seguridad de los bajacalifornianos. El resultado está a la vista: violencia persistente, miles de negocios cerrados y una gobernadora con visa revocada por investigaciones estadounidenses.
La narrativa de la “trampa” de Marina del Pilar es cómoda pero débil. Elude el contenido central de los audios: la disposición a negociar información de seguridad del Estado a cambio de favores personales. En un contexto donde EE.UU. ya había actuado contra su círculo cercano, eso no es un detalle menor; es un riesgo directo para la soberanía y la cooperación bilateral que México necesita en la frontera.
Monreal pidiendo “serenidad” mientras el escándalo estalla es el colmo de la hipocresía partidista. Priorizar la imagen del “movimiento” sobre la rendición de cuentas solo profundiza la desconfianza ciudadana. Bonilla, que también carga con sus propios señalamientos de corrupción, usa el conflicto para posicionar a su candidata rival de cara a 2027. Todos pelean por el poder mientras Baja California sigue pagando el precio de la impunidad y el clientelismo.
Lo que queda claro es que la 4T, lejos de romper con las viejas prácticas, las reproduce con lealtades más cerradas y menos escrúpulos. La frontera no espera sermones de calma: necesita gobernantes que rindan cuentas, no que se protejan mutuamente cuando los audios y las visas hablan por sí solos.




