Esto huele a cuatro. No a decomiso. A cuatro. A esa trampa vieja, de barrio, de redacción, que te ponen para que te luzcas y te quemes solo. Te pasan el dato redondo, la foto inmejorable, la cifra histórica, tú sales a anunciarla como victoria y al día siguiente el terreno se te hunde.
Da la impresión de que eso fue lo de San José Iturbide, Guanajuato. Y no es por los 59 millones de litros. Es por todo lo que no cuadra alrededor.
Primero: ahí no había una bodega clandestina improvisada ayer en la noche. Hay una terminal legalmente instalada, con tanques, con permisos, con años operando a la vista de todos. No es un patio con bidones escondidos. Es una instalación industrial de Grupo SIMSA que almacena para terceros. Pemex, Exxon, Shell, los nombres que quieras. Eso no se monta en 24 horas.
Segundo: es Guanajuato. Guanajuato no es Tabasco, no es Tamaulipas, no es Veracruz. Es un estado gobernado por el PAN. Si vas a dar el golpe más grande al huachicol del sexenio, ¿por qué lo das en territorio opositor, en una empresa permisionaria, sin un solo detenido en el predio? La explicación oficial - “estaba vacío por la movilización grande del gobierno” - no explica nada. Lo hace ver peor. Un operativo histórico sin gente adentro.
Tercero: el destinatario. Omar García Harfuch no es cualquier secretario. Es el funcionario que destapó la cloaca del huachicol fiscal de verdad. El que puso sobre la mesa buques, facturas, empresas fachada, rutas. Y al hacerlo tocó fibras que muchos preferirían no tocar: intereses ligados a la Marina, al círculo cercano del hijo del expresidente, a Andy, y de rebote, al propio obradorismo duro. Para ese grupo, Harfuch no es un aliado incómodo. Es un adversario claro.
Y ese adversario, además, tiene dos cosas que en México matan: tiene a los cárteles respirándoles en la nuca y tiene a los gringos amándolo. La DEA lo presume como socio confiable. Washington lo ve como interlocutor. En la política mexicana, eso no te suma amigos, te suma envidias.
Harfuch hoy, nos guste o no, es el favorito para suceder a Sheinbaum en 2030. Todas las encuestas lo ponen arriba. No hay otro con su nivel de aprobación. Eso no se perdona adentro.
Entonces la pregunta no es si el combustible tenía o no papeles. Eso lo va a determinar la FGR. La pregunta es quién gana si Harfuch sale a la mañanera con un golpe que al día siguiente se le desinfla en un pleito de permisos con una empresa.
¿Quién gana con un quemón de 59 millones de litros y cero detenidos?
Gana quien quiere bajarle el vuelo presidencial. Gana quien quiere que el tema huachicol se quede en el discurso y no en cateos a empresas con nombre y apellido. Gana quien dentro del propio Morena no quiere un candidato de seguridad, popular y bien visto en Washington, compitiéndole a los suyos.
No estamos afirmando que le sembraron el caso. Estamos diciendo que da esa impresión. Que el manual del cuatro es exactamente así: te dan la portada, te animan a salir, y te dejan solo sosteniendo un expediente tibio.
Si en los próximos días caen los peces gordos, se acabó la especulación. Fue un operativo que necesitó tiempo para madurar.
Si no cae nadie y todo termina en una multa administrativa o en una aclaración de papeles, entonces no fue un golpe al huachicol.
Fue un cuatro. Y muy bien puesto.




