Lluvia dentro del hospital, catálogos mutilados y aerocoolers sin luz: el cinismo de la 4T con la salud de los que menos tienen
Lluvia dentro del ISSSTE y catálogos de medicamentos mutilados: el deterioro de la salud pública bajo la 4T
Sonora.- Los videos y denuncias que circulan en X muestran un sistema de salud pública en franco deterioro bajo el gobierno de Claudia Sheinbaum. En el Hospital General “Dr. Fernando Ocaranza” del ISSSTE en Hermosillo, Sonora, el agua de lluvia se filtra al interior incluso con precipitaciones ligeras. El director general del instituto, Martí Batres Guadarrama, responde presumiendo la instalación de seis “aerocoolers” (enfriadores evaporativos) y minisplits como parte de una “rehabilitación”, mientras el sistema central de aire acondicionado lleva semanas fallando y las temperaturas superan los 45 °C.
Médicos como el Dr. Isaac Chávez Díaz documentan que estos aparatos a veces ni siquiera tienen luz para funcionar y que generan humedad y aerosoles en un entorno hospitalario, elevando riesgos de infecciones. Las camas eléctricas entregadas no tienen dónde conectarse. En otro hospital del ISSSTE, usuarios exigen doctores, no policías para contenerlos.
Paralelamente, el gobierno redujo el Catálogo Nacional de Medicamentos de 2,753 a 1,929 claves y limitó a los hospitales de segundo nivel del IMSS-Bienestar a apenas 871 claves autorizadas. Los médicos ya no pueden recetar según criterio clínico, sino solo lo que esté “en existencia” en la unidad. Se eliminaron opciones para enfermedades graves, crónicas, VIH o diabetes innovadoras, priorizando las de menor costo.
Oficialmente se presume un abasto promedio superior al 97 % en IMSS, ISSSTE e IMSS-Bienestar gracias a compras consolidadas y “Rutas de la Salud”. La realidad que reportan médicos y derechohabientes es distinta: restricciones que institucionalizan el desabasto parcial y limitan tratamientos efectivos sin consultar a pacientes ni evaluar caso por caso.
El contraste es brutal. La 4T llegó prometiendo “Primero los pobres”, acabar con privilegios y fortalecer el sistema público. Hoy entrega techos que gotean, catálogos amputados y respuestas cosméticas mientras los hospitales de los trabajadores del Estado y de la población sin seguridad social se desmoronan.
La pregunta que nadie responde: ¿Cuántos de estos políticos de la 4T —funcionarios de alto nivel, gobernadores, legisladores o sus familias— se atienden de verdad en estos centros que ellos administran? La evidencia histórica y de patrones en México indica que muy pocos. La mayoría recurre a clínicas privadas, esquemas especiales o atención en el extranjero cuando la cosa se pone seria. El pueblo, mientras tanto, se queda con las goteras, las recetas incompletas y la improvisación de aerocoolers en pleno desierto.
Esa es la gran farsa: un discurso de igualdad que choca con la práctica de siempre. Los que deciden no sufren las consecuencias de sus decisiones. Los que sí las sufren no tienen voz ni alternativas.




