CDMX.- En San Lázaro, el pleno de la Cámara de Diputados aprobó el 21 de octubre, con 312 votos de Morena, PT y PVEM contra 119 de la oposición, la reforma al Código Penal Federal y a la Ley Federal de Protección a la Propiedad Industrial que ya todos llaman “Ley Antimemes”. La norma castiga con uno a cinco años de prisión y multas de mil a diez mil UMA a quien use, a escala comercial, la identidad gráfica institucional, logotipos o documentos oficiales para inducir al error y cometer un ilícito. Mientras los oficialistas juran que solo va contra fraudes y suplantaciones, el diputado del PT Santiago González soltó en tribuna que “los memes es de mentes obtusas, pequeñas, enanas”, como si con esa frase se justificara el dictamen. Las mentes realmente pequeñas, diría uno, son las que no aguantan que las dibujen en caricatura.
El problema no es que el texto mencione memes (no lo hace), sino que la redacción exige “escala comercial”, “engaño sobre el origen oficial” e “intención de cometer un ilícito”, pero no incluye excepciones explícitas para sátira, parodia, periodismo o crítica política. La oposición advirtió durante el debate que esa ambigüedad deja la puerta abierta a interpretaciones selectivas, sobre todo cuando el gobierno controla el poder judicial. Gibrán Ramírez les recordó a los de Morena que “no siempre van a estar en el poder”, un dato que suele olvidarse cuando se legisla con prisa y sin blindajes claros para la libertad de expresión. El Senado ya había aprobado la minuta en septiembre; ahora solo falta la publicación en el Diario Oficial.
Si de verdad la intención fuera solo frenar fraudes con logos de Pemex o del SAT, bastaba con tipificar eso con precisión y dejar fuera, por escrito, el humor político. En cambio, un diputado del PT acaba de revelar el espíritu con el que varios de ellos votaron: les molesta que la gente se ría. Y eso, más que cualquier artículo, es lo que convierte una reforma contra el fraude en una tentación permanente de censura.
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