CDMX.- Catalina Monreal llegó al Instituto Nacional de la Economía Social el 1 de octubre de 2024, después de perder la alcaldía Cuauhtémoc. Un mes después, el 1 de noviembre, nombró coordinador general de Fomento y Desarrollo Empresarial a Salvador Loyo Arechandieta, socio de su esposo Sergio Alejandro Garfias Delgado en la empresa Restaurantes Saludables de México Asociados, constituida en 2019 en Pachuca (Garfias puso el 50 % del capital; Loyo y Arturo García Celio, el 25 % cada uno). Loyo cobra 129 mil pesos netos mensuales y en su declaración patrimonial asegura no tener participación en empresas, a pesar del acta constitutiva. Antes fue asesor de Morena en el Senado justo cuando Ricardo Monreal coordinaba la bancada. No es nuevo: en 2015-2017, como director de Administración en la delegación Cuauhtémoc que encabezaba el padre, Loyo firmó parte de los 16 contratos por 27 millones de pesos que recibieron amigos de Catalina, algunas empresas luego señaladas como factureras por el SAT.
El otro socio, Arturo García Celio, no se quedó atrás. Su empresa Argeos Servicios y Productos obtuvo, mediante licitación, un contrato de 9 millones 98 mil pesos de la Cámara de Diputados para materiales de limpieza, firmado el 8 de enero de 2025. Cuatro meses antes, Ricardo Monreal había asumido la coordinación de la bancada de Morena y la presidencia de la Jucopo. Argeos acumula 17 contratos públicos entre 2022 y 2025 por 32.5 millones de pesos (Puerto Vallarta, Apan, IMSS, entre otros). El patrón se repite: los mismos círculos, los mismos apellidos y los recursos públicos fluyendo hacia allegados, ahora bajo el discurso de la “transformación”.
No hay respuestas de los Monreal ni de los involucrados. Lo que sí hay es un hilo documentado con registros públicos, declaraciones patrimoniales y contratos: del INAES a San Lázaro, la familia sigue colocando a los suyos y a los socios de los suyos. La crítica no es moralista; es de hechos. Cuando el cargo y el contrato llegan sistemáticamente a quienes ya estaban en el círculo familiar y empresarial, deja de ser coincidencia y se convierte en el uso de la posición pública para el beneficio privado. Y eso, en cualquier gobierno, se llama lo que es.



